Hay hombres que no dan flores, pero te dan estabilidad y eso vale más que un ramo. No llegan con gestos de película, sino con hechos: están cuando los necesitás, sostienen cuando todo se tambalea, y te hacen sentir que el suelo no se va a romper.
Qué julio tan diciembre. El cansancio mental, el clima en la calle, gente yendo al súper en pijama, el “necesito vacaciones”. Pero todo con frío y manos congeladas.