Hay temporadas de desierto en nuestra vida, provocadas por Dios para crecimiento de nuestro carácter y ensanchamiento de nuestra fe. Sin embargo, hay temporadas de desiertos y sequía espiritual que son provocados por nuestras malas decisiones, dejando consecuencias nefastas.
Te alabaré en medio de las luchas, te alabaré en medio del dolor, te exaltaré hoy en mi juventud, para que no tenga después que lamentar, y si acaso en mi flaqueza humana como Pedro te llegará a negar, perdón señor, enséñame a depender de ti y de tu mano santa no me sueltes jamás.