Si lo decides seriamente, descartando cualquier otra posibilidad, puedes disciplinar a tu mente para que no te la vuelva a jugar. Convirtiéndose en tu mayor aliada. Porque no? no se me ocurre algo que valga mas la pena.
Toma la decisión. A partir de ahora tus pensamientos no te van a dirigir. Vas a aprender a gestionarlos, y lo vas a conseguir a través de la ACCIÓN REPETIDA. Una vez hayas creado el hábito, te vendrá solo.
Puede que hasta ahora hayas vivido como “dormido en el asiento trasero” de tu mente. Colócate en el “asiento delantero”. Ni te imaginas los resultados que te genera tener la mente a tu favor y te dirija a donde quieres ir.
La gestión mental, es un círculo virtuoso, que se va engrandeciendo cada vez más, convirtiéndose en una forma de vivir distinta y muchísimo mejor. Todo el mundo quiere vivir con oro y diamantes, no?. Solo los encontrarás después de buscar y excavar en tu mente.
Si además de conseguir que la mente no te amargue la vida, la entrenas para que trabaje para ti, se te abrirán un montón de posibilidades. Con el mismo decorado y la misma vida.
Al principio, la gestión mental cuesta mucho esfuerzo diario, perseverancia y repetición. Especialmente al principio. Pero tiene la ventaja de que los efectos en tu vida real son tan positivos, que te motivan y cada vez es más fácil.
Yo estaba totalmente decidida a conseguir mi objetivo de gestión mental; por eso me propuse hacerlo a diario poniendolo como prioridad todos los dias, me apeteciera o no. Lo convertí en un hábito que ni te imaginas los beneficios que me ha generado.
Hay que proponérse hacer gestión mental firmemente, como objetivo diario y con acciones concretas. Porque la acción con repetición es la madre del aprendizaje
La buena noticia es, que los hábitos en la forma de pensar se crean, se ejercitan y se desarrollan. Cuesta mucho, muchísimo esfuerzo modificar lo que tienes intrínsecamente automatizado. Pero no se me ocurre algo que no valga mas la pena.
Si quieres que tu vida cambie, te animo a que intentes cambiar tu forma mental de mirar las cosas. No consigues distintos resultados con la misma mente.
Piensas; y según cómo piensas, te sientes de una u otra manera. Y según cómo te sientas, actúas. Y dependiendo de cómo actúas, tienes un resultado u otro. Este ciclo es el que hay que dominar.
Tus relaciones personales, tu economía, tu salud, tus emociones… todo son resultados, que van a depender fundamentalmente de tu forma de pensar y ver las cosas.