Vi un choque a cuatro kilómetros por hora.
Ojalá fuera exageración: uno de esos cruceros de rancho donde caben los veintiséis carros del pueblo y ninguno avanza, todos ahí trabados como la quijada de Carín León, y aun así un cabrón encontró la manera de chocar al pendejo de adelante. A velocidad casi estática. Nos rebasaban los amputados que van pidiendo dinero entre los carros. Hay que querer. A esa velocidad chocas porque pusiste de tu parte. Colaboraste con el accidente. Tú eres el accidente.
Y claro, uno piensa: venía viendo el teléfono, el don pendejo. Porque así es. Te detienes en el semáforo, volteas a ver qué están haciendo los demás conductores y todos tienen la mirada hacia abajo, fija en una pantalla que les chupa el alma. Llegan al alto y no aguantan: medio segundo de nada y ya tienen el aparato en la mano —y no en el buen sentido— viendo un reel de una culona en mallones haciendo Pilates. Porque no pueden estar callados un ratito, sin estímulos, acompañados sólo por sus pensamientos.
Y también hay que decirlo: esto no lo inventó el teléfono. Siempre hemos buscado pendejadas que hacer para no quedarnos demasiado rato en compañía de nuestra propia mente, que es canija. La diferencia es que antes las distracciones tenían principio y fin. Se terminaba la película, se acababa el programa, cerraba el antro y tocaba, ni modo, volver a ser tú contigo. Ahora la distracción vive en tu mano, portátil, lista, infinita, para que eso no vuelva a pasar.
Si hay un momento en el que uno pensaría que debemos estar aquí, atentos, viendo el mundo, es manejando. Traes dos toneladas de fierro a tus pies. Si algo sale mal, puede salir muy mal. Las posibles consecuencias deberían mantener nuestra mirada hacia adelante.
Y no. Ni con la muerte respirándonos en el asiento del copiloto podemos quedarnos presentes cinco minutos. Siglos de civilización, de rueda, de motor, de ingeniería, para acabar con un cabrón en un Versa estampándose en cámara lenta contra una estaquitas porque no soportó un alto en rojo encerrado en su cabeza con sus pensamientos.
Le tenemos pavor a nuestra propia mente. Por eso chocamos a cuatro kilómetros por hora.
@apunte1916 Seguido me pasa que las ocupaciones del fin de semana no me dejan ver al Necaxa, pero siempre uso el jersey el día de juego. La esposa, los hijos y los pendientes de la casa no siempre se alinean con esas dos horas 😅
El blooper de la semana: La invasión de los Shreks
Hay una regla básica de convivencia que todos aprendimos más o menos a los dieciséis años: si le metes el dedo, ya es tuya.
Esta semana una pareja se hizo famosa por olvidar esa esencial convención social. En un Bodega Aurrerá abrieron un bote de nieve, la señora le metió el dedote sucio para probarla y después lo regresaron tranquilamente al congelador para que algún incauto se lo llevara a su casa sin tener idea de que la nieve le iba a saber, mínimo, a culo.
Uno ve el video y piensa lo evidente: pinches nacos. Pero quizá estamos siendo injustos, porque tal vez no son nacos, simplemente son presos de la naturaleza de la que nunca, jamás, ha podido escapar ningún Shrek.
Shrek es así, no pide perdón ni permiso: hace lo que se le hincha porque no sólo vive en un pantano, es uno con él, y si no te gusta, te vas a chingar a tu madre de su pantano, y en una de esas hasta te baja a la morrita como se la bajó al Lord Farquad.
El Shrekus Mexicanus se caracteriza por poner música a todo volumen porque está en su casa, por estacionarse en doble fila porque nomás es un ratito, por cerrar la circulación de la calle porque si no dónde van a jugar sin peligro los niños en su brincolín, por manejar pedo porque aquí vivo a diez minutos, y ahora también por meterle el dedo a la nieve del súper porque a ti en qué te afecta pinche lambegüevos de los millonarios. El Shrek mexicano jamás cree que está rompiendo una regla porque en su mente las reglas son sólo para los estúpidos y él es muy listo.
Durante mucho tiempo nos habían hecho creer que ese privilegio —el de brincarse las reglas— era exclusivo de los poderosos y los potentados: el político se pasaba los altos porque traía escoltas, el junior amenazaba a sus maestros para que lo aprobaran porque ¿no sabes quién es mi papá?, la señora copetuda se estacionaba en el lugar de discapacitados porque nomás iba a comprar unas cebollas en el Chedraui Selecto.
Había dos Méxicos: uno sin leyes para ellos y otro con reglas para nosotros. Hasta que el pópolo bueno llegó a la presidencia en forma de viejito santo y democratizó el privilegio. Si el de arriba puede brincarse las reglas y después explicar por qué en su caso no aplican, ¿por qué nomás ellos? También los de abajo tenemos derecho a ser verdes.
El Burro de Macuspana llegó al poder citando las palabras de Salvador Díaz Mirón sobre un pantano que aseguraba poder atravesar sin ensuciarse, haciendo referencia a la corrupción, el influyentismo y los privilegios.
Ocho años después, tenemos una trama monumental de huachicol fiscal creciendo bajo las aduanas que entregó a militares porque eran incorruptibles y se corrompieron, mientras los hijos del político que convirtió la austeridad en doctrina viajan, comen y viven bajo los preceptos de San Francisco, California, y no de San Francisco de Asís.
Así funciona el pantano para la gente Shrek. El problema nunca es la regla, que viene defectuosa de fábrica porque quién va a respetar una regla entre el lodo. El político tiene su pretexto, el funcionario tiene el suyo, el vecino que aparta la calle con cubetas rellenas de cemento también… y la pareja del Aurrerá seguramente podría justificar por qué según ellos meterle el dedo a una nieve que luego comprará un pendejo indeterminado tampoco era para tanto.
Por eso ni siquiera se muestran avergonzados. Ni ellos, ni los vecinos ruidosos, ni los que invaden casas, ni los que se estacionan en doble fila, ni los que tiran la basura en la calle, ni los que roban en las cajas de autocobro, ni los que asaltan combis, ni los que extorsionan a comerciantes, ni los que asesinan familias por no poder cobrarles trescientos mil pesos, ni los que se dedican a la política para robar y vivir de la esperanza de todos los otros Shreks.
El problema es que el pantano creció y ahora es todo México. Y desde luego, Shrek somos todos.
@liatrueba@horridibujos Completamente de acuerdo. Además es tan fácil que los niños lleven vida sedentaria en casa, entre pantallas y juguetes. Llevarlos a alguna clase fomenta más movimiento y diversifica sus formas de entretenimiento
Lo he dicho siempre; no cambiaría para nada los años en que vi a Necaxa competir y triunfar en el ascenso, por torneos mediocres en primera. Mil veces mejor verlos pelear en la de ascenso.
Más allá de las bromas en redes, el Santos es una muestra de por qué a todos les conviene el ascenso.
¿De qué le sirve a la afición tener un equipo de “primera” si no hay incentivos para competir?
Estoy seguro que la afición lagunera preferiría ver a su equipo luchando que así.
I actually find it surprisingly difficult to treat my son and daughter exactly the same. If my daughter says, “Dad, can you bring me some ice water?” my instinct is, Of course, and I go get it for her.
If my son asks me the exact same thing, my first instinct is, No. Get up and get it yourself. My wife and I have actually argued about this whether that extra harshness I feel toward him is something I should consciously correct, or whether there’s some useful evolutionary instinct buried in it. A father feeling compelled to make his son a little tougher than he would his daughter.
O sea sí, qué polémica, qué escándalo hoy… pero en general los Tweets de Liz Vilchis estaban chulos. Una cuenta que hubiese seguido en esos años, sin duda.
Tigres, Pachuca, Puebla, Querétaro, Xolos, León, Necaxa y Atlético de San Luis.
Y de esos 8, cuatro terminaron siendo campeones de Liga:
Pachuca: 7 Ligas + 9 internacionales = 16 títulos
Tigres: 6 Ligas + 3 internacionales = 9 títulos
León: 3 Ligas + 2 internacionales = 5 títulos
Xolos: 1 Liga = 1 título
Para comparar, Chivas en esos mismos 30 años ganó 3 Ligas + 1 internacional = 4 títulos. Chivas nunca ha descendido
Así que sí, varios equipos que llegaron por ascenso no solo se mantuvieron, también terminaron siendo campeones y ganando títulos internacionales.
Surrogacy is already a bit of a Handmaid's Tale situation but demanding the pregnant women go to jail for refusing an abortion is so on the nose, I have to applaud it
@LuisE189 Yo creo que equipos que difícilmente aspiran a campeones en liga deberian de priorizar más este torneo. Es un atajo a Conca, probablemente la única vía para destacar internacionalmente.
Ayúdame etiquetando a @AgustinLaje a ver si nos responde dónde quedaron sus convicciones, porque parece que el Gobierno le comió la lengua.
El 6 de agosto, todos al Congreso.