Vivimos en una sociedad distópica donde una persona cuyo único objetivo es vivir del Estado, denuncia públicamente a alguien que ofrece un servicio útil para la sociedad.
Tal es la perversión moral que existe, que alguien que busca solucionar problemas de la gente, satisfaciendo una necesidad de la comunidad, termina actuando, al parecer, "al margen de la ley".
Ley creada por políticos que no conformes con solamente limitar el emprendedurismo y deslegitimar los acuerdos voluntarios entre adultos, también quieren ser buchones.
No les alcanza con ser malos legisladores, redoblan la apuesta e intentan ser malas personas.