— pienso que si fuera él, también habría hecho lo mismo. Elegir Pandora para empezar de nuevo, no podía caminar con su antiguo cuerpo, imagínatelo… sería muy difícil la vida.’
A lo mejor tienen a sus padres en contra de la relación, pero ya sabían que juntos podían oponerse al mundo y ser escuchados de manera en que los acaben aceptando.
Su cola en cambio se movía de un lado a otro desde el principio, agitándola como cualquier animal feliz. —
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Muchas veces sentía que las palabras entre ambos podían llegar a no ser del todo necesarias. Sus ojos expresaban mil maravillas, como en este momento en el que los suyos no podían despegarse de los del chico del bosque.
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— el dorso ajeno hasta que decidió tumbarse y observarlo, invitándola por supuesto.
‘En el planeta de mi padre, decía que tenía diferentes constelaciones pero que apenas ya la las veía porque en su mundo solo había máquinas, como las que destruyen nuestro hogar… a veces —
— escuchar esas palabras que le correspondían, no sabía ni qué más decir.
Puede que alguna estupidez como de costumbre porque era más de gestos que de palabras, por la impulsividad que lo caracterizaba. ‘Cuando te sonrojas estás preciosa.’
Para él Tsireya siempre sería más que amor a primera vista. Recordaba cada segundo desde que cruzaron las miradas, su silueta saliendo del mar encandilándolo como si fuese lo más bello que vio jamás.
Lo era.
Su sonrisa, su largo cabello rizado y la elegancia de cada paso —
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Él no estaba consciente, porque en ningún momento Tsireya lo había transmitido con sus palabras, pero el ansiar escuchar tales cosas de su parte era algo que la consumía.
Mas… al mismo tiempo, no sabía qué hacer con aquello.
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— compartía el mismo lugar en su corazón, puede que un poco más. Tomó la mano ajena, resguardándola entre la suya.
Era tan menuda entre sus cinco dedos… eso le recordaba asimismo que le aceptaba, podía considerarse la única luz en su vida. Así le sonrió con calidez al —