Se cansaron de decir, con la soberbia del verdugo, que nunca aceptarían una ley de amnistía. Hoy se tragan sus palabras, sin apenas masticarlas.
La fanfarronería clásica del malandro, que era su tono habitual, se escurre, se diluye, se camufla en una narrativa donde -sin una gota de credibilidad- juran que estos anuncios son ideas que ya venían pensando, que incluso Maduro se las comentó en diciembre.
Las contorsiones verbales que intentan son patéticas.