La gloria se ha convertido en el nuevo romance parisino, el amor propio al que nos arrastra la nueva ola, nos atrae como ratones al placer adictivo que nos genera el refuerzo continuo. Un acto evidente de inclusión que nos mata el esfuerzo desinteresado.
Sabes que está, imaginas el resto. No puedes guiar tu vida y disfrutar la certeza de lo que ves, dar tiempo a tu ojos para capturar aquello. Aún así, la caricia tiene el mismo efecto, la belleza incontenible e irrefrenable que conjuga lo que fue, percibiste e imaginaste. METB28.2
Fue su presencia como llanura en la carretera: mientras conduces te acaricia la belleza de la gracia con la que cada detalle le da forma, esa que ya te advirtió la visión desde otra perspectiva. Pero somos humanos, nuestra vida depende de concentrarnos en el volante.
A pesar del atractivo de la libertad de expresión, lo que pensamos es tan temporal, tan hijo de la condición pasajera del pensador, que más vale en muchos casos abrazar el olvido en el cuerpo del silencio que la excitación del beso de la palabra. METB 12.02.2026
¿Cuántas veces en nuestro trayecto se nos olvida el fin? Y, entretenidos en la tarea, se nos van los años.
Foto: P. 87 El laberinto de la felicidad, (A. Rovira y F. Miralles)
Un negro que se impone en su sabor, estimula nuestras energías, activa nuestro paladar y nos acompaña a disfrutar de cualquiera de las cosas que elegimos priorizar. Te permite mezclarse con lo que prefieras y acomoda sus medidas con tal de complacerte, pero siempre invitas café.
No es una portada más, es la representación del colapso cultural envuelto en papel navideño.
Primero, el encuadre: un crucero. El crucero no es casual. Es el símbolo perfecto del capitalismo tardío: movilidad sin destino, consumo encapsulado, experiencia diseñada para no tocar tierra. Todo está incluido, nada importa.
Ahora los personajes: están juntos, pero no están conectados. Conversan, beben, celebran, pero nadie parece mirar a nadie. No hay intimidad, hay proximidad física sin vínculo. Esto es clave: la portada no muestra comunidad, muestra aglomeración. Es la diferencia entre sociedad y multitud.
La Navidad aparece despojada de cualquier dimensión trascendente. El árbol está ahí, sí, pero como decorado funcional, no como símbolo. No hay ritual, no hay pausa, no hay silencio. Solo evento. La fiesta como obligación social, no como experiencia significativa. Exactamente lo que ocurre hoy con el tiempo libre: se agenda, se optimiza, se consume.
Todos parecen ocupados, pero nadie parece pleno. Hay exceso de estímulo, pero vacío de sentido.
No hay villanos en la imagen. Ese es el punto. Nadie sufre explícitamente. Nadie protesta. Y precisamente por eso es inquietante: el sistema ya no necesita coerción. Funciona porque la gente coopera sonriente.
La fiesta sigue. El barco avanza.
La pregunta incómoda no es hacia dónde.
Es si alguien aún recuerda por qué subió.
Cargas con quién eres. Un filtro determinante de la experiencia. Un juicio inadvertido que acompaña tu mesa y te susurra al oído lo bien que has invertido tus horas o lo errado que estás. Pobre de aquellos esclavos de su verdad y benditos los que consumen su propia hipocresía. MT
Hay lugares que saben cómo tenerte, cómo acogerte, SON tu lugar de paz, pero tu bienestar no puede mantenerlos con vida. Y un día, llegas y no está. Así gente, SON demasiado para nosotros, pero lo que sentimos sobre ellos, no es suficiente para mantenerlos emocionalmente vivos.
La cortesía dista tanto de nuestro instinto que nuestros homo-ignorans no tienen tiempo de ser, pues cualquier acción que no es instintiva nos toma el tiempo de premeditar su ejecución, involucionando constantemente nuestra sociedad. METB.
@EdeesteRD@edeeste ¿Cómo es que aun estando en conocimiento, Agentes, Supervisores, notificados coordinadores y gerente no han hecho nada? @AndresPortes_ NADA a 72 horas del reporte de una avería, qué aun ni siquiera tiene responsable.
Gracias @protecomgobrd se les agradece la colaboración en esto.