A veces te pienso y... te imagino en mi futuro.
No me quedo en lo que fuimos, sino en la hermosa certeza de lo que todavía podemos ser.
Es verdad que a veces pesa el silencio, y cansa ser quien siempre da el primer paso, quien busca las palabras o intenta mantener encendida esa chispa. Pero lejos de rendirme, lo que siento es una ilusión infinita que se niega a apagarse.
Por eso hoy decido callar, no por orgullo ni por distancia, sino para dar un respiro al alma y dejar que las cosas fluyan.
Decido guardar mis palabras por un momento, con la dulce esperanza de que, tal vez, sea tu voz la que rompa el silencio la próxima vez.
Te pienso en los días que vendrán, en los abrazos que aún nos faltan por darnos y en los caminos que sé que volveremos a cruzar.
No reclamo nada, solo espero con los brazos abiertos y el corazón lleno de fe.
Te pienso... y sonrío, porque sé que lo mejor de nosotros todavía está por escribirse.