Adaptación al mercado. Ya no es un sitio para la salida familiar puntual porque ya no existen las familias, sino un lugar al que van adultos solos, con prisas, para quitarse el hambre de forma cómoda y automática.
Si le sirves la comida a tu hijo varón mientras tu hija tiene que ayudar a lavar los platos, no estás criando a un “rey”. Estás criando a un atendido que le hará la vida imposible a otra mujer.