Ya no soy la que se quedaba esperando mensajes, la que explicaba mil veces lo que sentía. Ya no soy la que justificaba lo injustificable solo por miedo a estar sola. Cambié. Y aunque muchos digan que me volví fría, en realidad aprendí a ser justa conmigo. No perdí el corazón, aprendí a usarlo con sabiduría. Ahora sé que la soledad no es castigo, es descanso. Que la distancia no siempre es orgullo, a veces es autoprotección. Ya no soy la misma, y qué alivio.
Una cosa sobre mí: siempre encuentro la manera de volver. Soy una persona que se recupera. De las que se caen, aprenden, crecen y vuelven más fuertes. Un pequeño giro inesperado nunca me ha quebrado. Tengo esa energía de caer siete veces y levantarme ocho. No importa lo que la vida me depare, ese fuego en mí no se irá a ninguna parte.
fiel creyente de que uno de los momentos en los que uno se siente más amado en la vida adulta es cuando la otra persona hace cosas para facilitarte la vida día a día. “yo te ayudo”, “ocúpate de esto y yo de lo demás”, “estoy aquí para ti”
Me encanta cuando los hombres son hombres. Gracias por abrirme la puerta, gracias por dejarme hablar, gracias por tomarme la mano, gracias por recordarme lo hermosa que soy, gracias por hacer planes, gracias por las sorpresas, gracias por hablar las cosas conmigo, gracias por conducir, gracias por el cariño y gracias por no quejarte de nada.
Los hombres no se dan cuenta que su superpoder es la seguridad que nos dan. Una mujer haría todo por un hombre con quien se sienta mental, emocional y fisicamente segura.