Por Lucio Dupuy no marcharon. Sus asesinas eran militantes feministas. Hubo silencio cómplice. La jueza que lo entregó, Ballester, sigue impune en su cargo.
Lo más fuerte no es perder hombres, porque hombres van y vienen. Lo más triste es vivir compitiendo con mujeres que ya tenían un lugar que vos nunca pudiste conseguir de verdad