Posiblemente abandonado, muy cariñoso, morirá en la calle 😢😭💔
Por favor alguien que pueda siquiera darle una acogida
Los gatitos caseros no sobreviven en la calle 😭🙏🏻
Madrid
+34 627 28 55 36
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Este chiquitín ha sido rescatado, yo solo soy un particular que recoge los que encuentra pero no puede quedarse con todos 🥲
Busca #ADOPCION responsable.
Es negativo y ya está desparasitado.
Macho, 3 meses.
Azuaga #BADAJOZ pero puede viajar 🚗
Tlf: 650363082
hola no se si esto llegara a nadie pero en la acampada por la vivienda en sevilla necesitamos a muchisima gente el fin de semana, sobre todo el sábado, hay una convocatoria estatal de nucle0n4cional en sevilla y hay que proteger el campamento de posibles ataques +
Es muy complicado decir esto, pero estoy ingresada en un hospital de Madrid. Parece ser q ( hay que confirmarlo con PET) el cáncer de páncreas ha vuelto. O sea, sería mi 5 proceso. Ahora PET, biopsia, ver tratamientos y empezar de nuevo.
Recuerden que en dos hospitales no me q
Tuit serio.
Se que me leen 4 gatos pero hay que intentarlo.
Algunos recordaréis los incendios de la sierra oeste de este verano. Uno de los pueblos más afectados ha sido Casavieja y como las ayudas no llegan (oh, sorpresa) la gente del pueblo está haciendo cosas. (Sigue)
Acabo de encontrar un sonotone en la playa de El Portil, Huelva. Mi madre usa y sé que perderlos es doble tragedia porque además son muy caros. Así que TUITER haz tu magia
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El 19 de enero me atendieron en el Servicio de Urgencias del hospital @HUnivValdecilla (HUMV).
Siempre tuve una experiencia excelente en el HUMV: profesionales y medios de primer nivel. Para mí, el hospital es un orgullo colectivo.
Aquella tarde, sin embargo, me atendió una doctora que cometió graves irregularidades.
Yo tenía una brecha sangrante en la cabeza, pero al ver cómo se estaba desarrollando el episodio quise marcharme para que me atendieran en otro sitio.
La doctora, sin embargo, me impidió por la fuerza abandonar el hospital, pues quería que me sometiera a unas pruebas que yo no consentía.
Esta fue una primera irregularidad, pues un paciente tiene derecho al alta voluntaria¹, incluso en contra del criterio del médico. Retenerme contra mi voluntad fue, en mi opinión, una detención ilegal.
Lo peor, sin embargo, estaba por llegar:
La doctora entró al box con varios celadores y enfermeros y me ataron con correas a la camilla. Aquello me resultó absolutamente humillante, y así lo expresé. Me estremezco mientras lo escribo, pero no os imagináis la angustia e indefensión que siento mientras escribo estas líneas.
Tras inmovilizarme de pies y manos yo me negué en redondo a someterme a ninguna prueba y pedí marcharme. La doctora, sin embargo, me amenazó con hacerme las pruebas «por las buenas o por las malas». Yo puse mi teléfono a grabar y respondí que eso era ilegal y que iba a denunciarla.
Un rato después la doctora regresó al box acompañada de una enfermera y dos vigilantes de seguridad. Me dijo que iba a sacarme sangre «sí o sí». Yo repetí que no consentía esa extracción. Entonces se acercó y pude leer su nombre en su uniforme. Lo tengo grabado en el móvil.
Atado de pies y manos no pude evitar, claro, que me extrajeran varios tubos de sangre, mientras yo repetía todo el rato que no consentía aquello y que les iba a denunciar.
Quizá desde fuera no se entienda, pero estoy temblando mientras escribo esto, angustiado y con ganas de llorar. Me tenían inmovilizado y herido y entre cuatro —dos de ellos, vigilantes de seguridad— me forzaron un procedimiento médico. Esto es absolutamente ilegal² y, en mi opinión, un delito de coacciones.
Llevo desde enero teniendo pesadillas con esto, y a veces me despierto de noche gritando, evocando el box, las correas y la doctora. Igual desde fuera no se entiende, pero yo lo viví así y aquello me tiene roto desde entonces.
Yo decía todo el rato —e insisto, está grabado— que me sometería voluntariamente a las pruebas si me soltaba, porque que no accedería estando atado, pues me sentía vejado y humillado. Pero no sirvió de nada, y la doctora me tuvo más de cuatro horas así.
Yo pedía continuamente agua, porque la pérdida de sangre provoca, por lo visto, mucha sed. Me acercaban un vaso de plástico y lo rellenaban muchas veces, porque me moría de sed.
Al cabo de una rato expliqué que necesitaba orinar, pero no me dejaban ir al servicio. Me dijeron, literalmente, «puedes aguantar más».
Un rato después la doctora regresó al box y me entregó una pastilla. Me dijo que me dejaría ir al servicio si me la tomaba. Yo pensé que quería drogarme para que me sometiera a lo que rechazaba y, naturalmente, la tiré a una papelera.
Cuando ya no podía retener la orina más, me trajeron un recipiente para que orinara en él, pero atado de pies y manos a la camilla. Aquello me pareció el colmo de la humillación e indignidad, y así lo expresé. Le dio igual.
Tras varias horas así, la doctora regresó, me pusieron un aparato eléctrico a los pies de la camilla y ordenó que me llevaran a otra estancia. Yo sentí pánico mientras me llevaban y pregunté qué era aquello. Me dijo, literalmente, que no era asunto mío, y que yo hacía demasiadas preguntas.
Ya en la otra estancia la doctora se marchó y me dejó con otro médico. Eso me tranquilizó mucho, porque yo tenía miedo a la doctora que me había atado y amenazado. El nuevo médico era muy amable, me soltó y entonces me sometí voluntariamente a un TAC en la cabeza. Tenía la camisa, el cuello y las manos llenas de sangre (la foto de abajo es después de que me limpiaran la mano).
Ya liberado, me devolvieron al box y vino otro doctor diferente, igualmente muy amable, que me explicó que no había signos de lesión interna y que me suturarían la herida. Accedí.
Al marchar me entregó el informe de alta. Comencé a leerlo y yo no daba crédito a lo que leía: ponía que yo había bebido «una botella de vodka» (¡falso!) y que acudí al hospital por «violencia y agresividad» (¡absolutamente falso!).
Yo creo, aunque no puedo probarlo, que la doctora introdujo esas falsedades tras decirle que la iba a denunciar. Quizá borró su nombre del informe clínico por la misma razón, pues el nombre de los otros médicos sí aparece en él.
Leer las falsedades del informe me dolió tanto como lo vivido en el box. Destruí el papel allí mismo y me fui. Cuando llegué a casa, estaba roto.
Tardé días en procesar todo. Pensé que una forma de repararlo sería explicar al hospital lo sucedido y poner una denuncia formal contra la doctora. Registré un escrito y lo envié al HUMV.
El hospital me contestó dos meses y medio después³. Decían que yo había consentido la extracción de sangre, y no me facilitaron ni la documentación que solicitaba ni la identidad de la doctora. Esto es otra irregularidad⁴.
Me sentí insultado. Estaba convencido de que el HUMV lo investigaría y me ampararía, pero no hicieron nada.
Entonces aprendí que puedo acceder a mi historia clínica digital. La ley dice que el nombre de la doctora y la enfermera tienen que aparecer en ella. ¡Pero ni rastro de ambas! Otra irregularidad⁴.
Revisando mi historia clínica, sin embargo, encontré algo que me hizo literalmente llorar: ¡la doctora había ordenado un test de drogas sobre una muestra de orina que tomó del recipiente que me entregó!
Yo no tenía ni idea de eso. Nunca me sometí voluntariamente a ningún test de nada. Pero ella tomó subrepticiamente una muestra de mi orina y ordenó analizarla sin mi consentimiento y sin informarme. ¡Esto es completamente ilegal!²
Además, ocultó del informe clínico el resultado del test. ¡Si no llego a consultar mi historia clínica, nunca me hubiera enterado! Cuando pienso en todo esto, se me saltan las lágrimas.
El test, naturalmente, dio negativo para todas las sustancias ilegales (yo nunca he consumido ninguna droga).
Una noche, en otra de las pesadillas que recurrentemente tengo, me acordé de que tenía todo registrado en el teléfono y salté de un bote de la cama. ¡Estaba tan traumatizado que me había olvidado!
En las grabaciones tengo el nombre de la doctora, pues lo leí de su uniforme. Entonces lo busqué en el directorio del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, así como en varios colegios territoriales, pero nada. ¡No hay en España ningún médico colegiado con ese nombre, ni otros parecidos que he probado!
Registré entonces (abril) un segundo escrito ante el HUMV. Pero nadie respondió. Envié varios correos electrónicos pidiendo conocer la identidad de la doctora y acceder a la documentación del episodio.
A día de hoy nadie me ha contestado.
Se me ocurrió pedir amparo a la instancia superior, el Servicio Cántabro de Salud. El 28 de abril registré un detallado escrito de ejercicio de derechos en materia de protección de datos personales ante el @SCSalud. Las muestras biológicas —sangre, orina—, son datos personales.
El RGPD dice que el SCS tiene un mes para contestar. Sin embargo, han transcurrido más de dos y no han contestado. Esto es otra irregularidad.⁵
Ante este nuevo incumplimiento del SCS, escribí a su Delegado de Protección de Datos, pero este me remitió de nuevo al SCS.
Entonces se me ocurrió presentar un segundo escrito pidiendo la identidad de los médicos que accedieron a mi historia clínica aquel día, pues en el registro de accesos tiene que estar la identidad de la doctora.
Pero me respondieron que «por protección de datos» no me lo pueden dar. Una ley estatal y otra autonómica me otorgan derecho explícito a conocer la identidad de la doctora que me atendió aquel día⁴. Pero se amparan en la vaga excusa de la protección de datos para vulnerar mi derecho.
Me queda poner una reclamación ante la AEPD. Pero si la estimaran no habría ninguna sanción, pues las Administraciones públicas solo pueden ser apercibidas. No pasa nada.
Tras esta penosa penitencia os podéis imaginar qué confianza me queda ya en el sistema público de salud: ninguna.
Sintiéndome totalmente desamparado, y tras meses de escritos y esperas, llamé por teléfono al HUMV y pedí hablar con el director médico del hospital. Pero me dijeron que no me podían pasar con él. Pedí entonces hablar con el director gerente, y me pasaron con un contestador automático.
Con las tripas revueltas por todo esto, hace más de un mes hice de ellas corazón y acudí al HUMV y me puse frente a la puerta del despacho de la responsable del Servicio de Atención al Usuario hasta que conseguí hablar con ella.
La responsable fue muy amable y me escuchó con atención. Luego me dijo que se interesaría por mi caso y me contestaría «en unos días». Le di aliviado las gracias y volví a casa. Estuve dos días destrozado.
Pero ha transcurrido más de un mes de aquel último cartucho y nadie en el HUMV ni el SCS me ha contestado. Estamos en julio y nadie me dice la identidad o el número de colegiación de la doctora que me atendió en enero. Pronto se irán de vacaciones. Agosto es inhábil en muchos sitios.
A estas alturas, comienzo a sospechar que la doctora que me atendió no está colegiada, lo que sería gravísimo.
Yo reclamo saber la identidad de la doctora para interponer una denuncia contra ella, pero tras cinco meses y pico de gestiones, ni el HUMV ni el SCS contestan mis escritos.
Cada vez que paso por delante del hospital me entran ganas de llorar. Siento miedo y angustia cuando veo a un médico, porque vuelven a mi cabeza aquellas largas horas inmovilizado, herido, amenazado y forzado.
Y cuando he pedido amparo por los cauces formales, siento que se despliega contra mí otra violencia, que es la institucional.
La semana pasada ya no pude más y me empadroné en Bilbao. Yo vivo en Santander, pero a raíz de todo esto empecé a pensar en marcharme de Cantabria, porque cada vez que veo el HUMV o la sanidad cántabra, me rompo por dentro. Cambiando de domicilio puedo usar el sistema vasco de salud, que es diferente.
Hoy, sin embargo, he comprobado que no puedo pedir cita médica ni en la sanidad cántabra ni en la vasca: ninguno de ambos sistemas me reconoce como usuario. Estoy en un limbo.
Escribo esto para pedir auxilio. Y porque ya no me quedan más recursos. He dirigido escritos, realizado llamadas y hablado con todas las personas a mi alcance. Pero el sistema público incumple sus propias normas y conculca mis derechos.
Solo me queda publicar esto y preguntar si tengo algún amigo en el HUMV que, desde dentro, me pueda facilitar la información a que legalmente tengo derecho.
Si es así, en privado le facilitaré el nombre que la doctora portaba en su uniforme.
___
¹ Art. 21 de la Ley 41/2002.
² Art. 8 de la misma ley.
³ La instrucción 1/2008 de la Dirección General
de Ordenación, Inspección y Atención Sanitaria de la Consejería de Sanidad del Gobierno de Cantabria establece un plazo de un mes.
⁴ Art. 5.1 de la Ley 44/2003, art. 36.1 de la Ley 7/2002 de Cantabria y art. 14.1 de la Ley 41/2002.
⁵ Art 12 del RGPD.
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