Todo el mundo se equivoca, todo el mundo cometere errores, todo el mundo hace daño alguna vez. Unas personas lo reconocen, se disculpan y cambian, y otras lo niegan. Eso es lo que marca la diferencia. El error te hace persona pero la capacidad para reconocerlo te hace humano.
Una de las mejores lecciones de vida es no forzar nada: ni conversaciones, ni amistades, ni atención, ni amor. Lo que tiene que fluir, fluye. Y lo que no, se deja ir.