La felicidad está mal entendida. Nos la venden como un éxtasis constante, cuando en realidad casi siempre es calma, es la ausencia de urgencias, un domingo por la tarde sin nada que resolver.
Qué difícil es escarbar en uno mismo, indagar en lo que hay debajo de nuestros miedos, deseos, sueños, inseguridades, emociones y sentimientos; echar un vistazo a lo que realmente somos, a lo que nos mueve o detiene puede ser atemorizante y paralizarnos al explorarnos, porque nos da temor lo que podamos encontrar al ahondar más en nosotros mismos. Sin embargo, tomar consciencia de lo que ocurre en nuestro pensar y sentir es un viaje extraordinario y maravilloso, entre más te conoces, más te aceptas, con tus áreas claras y oscuras; entre más te aceptas, más te amas y por lo mismo, cuidarás mejor de ti mismo(a). El autoconocimiento es el principio básico del amor propio. Quien no se conoce, difícilmente hará las paces consigo y se amará incondicionalmente. Peor aún, difícilmente será amado por quien realmente es y no solo por la superficie que muestra. Hazte preguntas, busca las respuestas, explóralas. Inicia un viaje para conectar con tu esencia.