España es el mayor camello de Europa y nadie quiere admitirlo.
Ayer escuché a dos psicólogas en una cafetería y se me cayó el café al suelo.
Haban de un paciente de 25 años.
Ansiedad por el trabajo.
Insomnio por el futuro.
La primera psicóloga suspira:
— "Le han vuelto a recetar Orfidal en el médico de cabecera. 10 minutos de consulta y receta en mano".
Su colega asiente con amargura:
— "Claro. ¿Qué quieres que haga el médico? Tiene 50 personas fuera. No tiene tiempo para escuchar, solo para dopar".
España: 110 dosis diarias por cada 1.000 habitantes.
Líderes mundiales.
Por encima de EE. UU. Por encima de China.
La conversación seguía:
— "Lo estamos convirtiendo en un país de zombies. Es más barato dar una pastilla de 2 euros que contratar a 5.000 psicólogos públicos".
Y aquí viene la bofetada:
— "La gente no está enferma, está desesperada. Pero es más cómodo tener a la población sedada que arreglar el sistema".
Esa es la realidad que nadie te cuenta:
No se está curando la salud mental.
Se está gestionando el silencio.
Te dan Lorazepam para que no molestes en el trabajo.
Te dan Trankimazin para que no llores por el precio del alquiler.
Te dan Diazepam para que aguantes una vida que, de forma natural, es inaguantable.
El mercado de las benzodiazepinas valdrá 5.000 millones en unos años.
Vuestra angustia es su dividendo.
No es que falten recursos.
Es que sobra hipocresía.
Es más fácil medicalizar un duelo que darte días de permiso.
Es más rápido recetarte una pastilla que cambiar las condiciones laborales que te están matando.
Estamos criando una sociedad de anestesiados porque al Estado le da pereza invertir en personas.
¿De verdad tenemos un problema de ansiedad?
¿O es que preferimos el "modo avión" químico para no quemar el sistema?
Abro debate:
¿Salud mental o sedación social?