No fue el ego.
No fue la ilusión.
Fue una revelación.
La calma no llegó
cuando cambió la realidad.
Llegó como una brisa de verano,
sin pedir permiso.
Y lo que antes parecía una caída,
resultó ser una liberación.
Las estructuras
no se derrumban para destruirnos.
Porque la brisa
no pide permiso para tocar la piel,
como el alma
no lo pide cuando llega el momento de crecer.
Te iba a hablar. Luego considere que las 3:18 de la mañana no era la hora mas propicia para volver a hablarte. En la madrugada somos mas propensos a decir lo que sentimos. ¿Ya ves por qué no? Podría haberte dicho que te extrañaba, y mi orgullo se hubiera enojado.
Siempre que tengan la oportunidad de hacer sentir bien a otro háganlo, desde el corazón, a veces el otro la está pasando horrible y le alegras el día, o la vida.