Un tumor de cuatro kilos, una llamada desesperada y un viaje a Galicia como última opción: así se obró el milagro de la malagueña Elisabeth Roldán. Acudió al prestigioso cirujano Diego González Rivas, quien logró extirparle el cáncer en tiempo récord.
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📹 Diego González Rivas
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Pau Donés vocalista de Jarabe de palo, dijo esto, antes de morir, en junio de 2020:
- Estoy enfadado con el cáncer porque no me quiero ir, ahora no me viene bien irme. Preferiría vivir un poquito más, la verdad, pero es lo que hay y estoy bien conmigo mismo, en paz y tranquilo.
Pau Donés dejó escritos sus 20 consejos para ser feliz:
- Que sepamos vivir el presente.
- Que no perdamos el tiempo pensando en el futuro.
- Que dejemos de creer en la suerte y creamos en nosotros mismos.
- Que dejemos de hacer montañas de granitos de arena.
- Que la tristeza nos dé ganas de reír. Que nos riamos mucho.
- Que cantemos en la ducha, en los bares, en las bodas, en las cenas con los amigos o donde nos apetezca cuando nos venga en gana.
- Que aprendamos a decirnos "te quiero" sin que nos dé vergüenza.
- Que nos besemos, nos toquemos y nos abracemos mucho.
- Que nos escuchemos tanto como sepamos compartirnos en silencio.
- Que nos queramos, a los demás y sobre todo a nosotros mismos.
- Que nos peleemos lo menos posible. Estar enfadado es una gran y estúpida pérdida de tiempo. ¡Al carajo el ego y el orgullo!
- Que nos dejemos de rollos, de cosas, de hacer ver lo que no somos, que eso no sirve pa' ná.
- Que le perdamos el miedo a la muerte, pero también le perdamos el miedo a vivir.
- Que decidamos por nosotros mismos. Que nunca dejemos que los demás decidan por nosotros.
- Que cuando la vida nos cierre una ventana sea cuando más abramos las alas para romper el cristal y salir volando.
- Que las cosas nos lleven adonde sea, pero que nos vayan bien.
- Que los hipócritas, corruptos, pesaos, estúpidos, mentirosos… Se reprogramen y entiendan que en la vida no hace falta ser así, que la vida va de otra cosa.
- Que a las penas, puñaladas y al mal tiempo, buena cara. O mala, que tampoco pasa nada.
- Que la vida sea siempre un sueño.
- Y, en fin, que a la vida le demos calidad, porque belleza sobra.
Pau Donés🇪🇸
Durante una clase de matemáticas en la Universidad de Columbia, un estudiante se quedó dormido.
Cuando despertó, vio dos problemas escritos en la pizarra. Pensando que eran tarea, los copió en su cuaderno sin pensarlo demasiado.
Esa noche intentó resolverlos, pero eran endiabladamente difíciles. Pasaron días, semanas, noches en vela en la biblioteca.
Aun así, no se rindió.
Finalmente, consiguió resolver uno de ellos y escribió cuatro artículos explicando su método.
En la siguiente clase, el profesor no mencionó la tarea.
El estudiante se acercó y preguntó con desconcierto:
—Profesor, ¿por qué no revisó el ejercicio anterior?
El profesor, sorprendido, respondió:
—¿Ejercicio? No era tarea. Esos eran ejemplos de problemas que nadie en el mundo ha conseguido resolver todavía.
El joven se quedó mudo.
Había resuelto un problema considerado imposible… simplemente porque no sabía que lo era.
Años después, su nombre quedaría grabado en la historia de las matemáticas: George Dantzig.
Los cuatro artículos que escribió siguen exhibiéndose en la Universidad de Columbia como símbolo de una lección atemporal:
A veces, lo que nos limita no son los problemas, sino las creencias que los rodean.
Dantzig logró lo impensable porque no escuchó a nadie decirle “es imposible”.
Y esa es, quizás, la ecuación más poderosa que uno puede aprender en la vida.
🇪🇸 | Una vecina de Alcalá de Henares, víctima de acoso por parte de los ilegales del CETI:
«No se trata de que violen y arrestarlos.
Se trata de prevenirlo antes.
Si no vienen no violan».
Le pegó 3 catedralicios. 3 que cada uno de ellos por sí mismo valen una PG en Madrid. Por qué? Porque ningún otro torero hoy en día se los pega. Y ahí está el secreto. Para lo que un torero necesita 15 muletazos, otro con 5 lo tiene en el esportón.
No, el color de las béticas también es el verdiblanco. Diferenciar a las mujeres de los hombres por colores es machista, rancio y sectario y no crea igualdad, crea diferencias.
Los colores de las béticas y los béticos son el verde y el blanco.
A Lucas Pérez, nuestro capitán por Jesus Suarez
Mira, Lucas, no sé ni por dónde empezar. Esto no es una carta, es un desahogo. Porque a ti, a un tipo como tú, no se te escribe con florituras ni con frases vacías. A ti se te habla con el corazón en la mano y con la verdad por delante.
Cuando decidiste volver a casa, a Riazor, no era el momento más bonito para hacerlo. No había focos ni alfombras rojas, solo un club hundido, una ciudad dolida y un estadio lleno de almas que, como tú, estaban de vuelta pero sin saber si la vuelta servía de algo. Lo fácil habría sido quedarse en Cádiz, donde te querían, donde te valoraban, donde no tenías que preocuparte de levantar a un gigante dormido. Pero tú, terco como un coruñes de verdad, decidiste que lo lógico no era lo correcto. Y volviste.
No hace falta que te diga lo que significó aquello. No hace falta que te explique lo que hiciste. Porque tú lo viviste desde dentro. Tú escuchaste cómo Riazor rugía aquel día contra el filial del Barça, cómo nos devolviste el alma al cuerpo con ese gol de falta que no fue solo un gol. Fue un grito de liberación, un “aquí estamos otra vez” de una ciudad entera. Ese balón, Lucas, no solo entró en la portería. Entró en el corazón de cada deportivista que había olvidado lo que era celebrar algo.
Y ahora te vas. Por tu hijo. Y es lo mejor que podías hacer. Porque, al final, ser padre es eso, Lucas. Es tomar decisiones que no siempre entienden los demás, pero que tú sabes que son las correctas. Yo lo sé, porque también soy padre. Y te juro que no hay nada en el mundo, ni goles, ni ascensos, ni estadios llenos, que se acerque a lo que se siente viendo crecer a tu hijo.
Así que aquí estamos, los de siempre, para decirte lo único que importa: gracias. Gracias por volver cuando más lo necesitábamos. Gracias por devolvernos al fútbol profesional. Gracias por demostrarnos que las historias de barrio aún existen, que el romanticismo en este deporte no está muerto.
Y gracias, sobre todo, por ser un ejemplo. Porque el día de mañana, cuando tu hijo crezca, cuando vea ese gol tuyo que hizo feliz a una ciudad, sabrá que su padre no solo fue un futbolista. Fue un capitán.
Ojalá la vida te devuelva todo lo que diste por nosotros. Y ojalá algún día te volvamos a ver en Riazor, con tu hijo de la mano, para que sepa que su padre es leyenda.
Siempre, Lucas. Siempre contigo.
Un deportivista. @LP10oficial
No me entra en la cabeza que este semental pueda elegir a las mejores damas del panorama mundial y se decante por una pancha color carton mojado con una boca del tamaño de un poligono industrial