Hoy es el aniversario número 86 de la definición de genio, aprovecho y dejo acá este fragmentito de De Palma sobre la diferencia entre filmar al mundo y filmar al cine.
En mi vida abrí un paquete de terepín y saqué una pepa tan fea, es obvio que esto es una opereta de trío (sionistas) para desprestigiar a la gran pepa nacional. No pasarán.
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Acá hay un género literario entero: el cosmopolita que ama al Sur Global mientras el Sur Global pierda con elegancia y dignidad.
Ishaan Tharoor escribió su obra maestra en este sentido.
Hace una lista de "países encantadores" de la copa: los ponjas que limpian el estadio, los coreanitos amables o Vozinha, el perdedor con dignidad.
Todos adorables, entrañables, memorables. Todos eliminados.
Lo cierto es que el pintoresquismo tiene condiciones. El otro es celebrable mientras rinda ternura. Y en general, son tiernos porque pierden y son inofensivos al poder.
Tharoor construyó "su amor" por Argentina en la decadencia: la hiperinflación, el caos, el equipo sufrido por las injusticias.
Esto es una relación estética con la periferia. Cuando la periferia deja de ser pintoresca y empieza a ganar, se le rompe el juguete.
La cita del uruguayo Galeano sobre el Diego y el Nápoli es evidente: muestra un sur oscuro que humilla al norte blanco que lo despreciaba. Y usa esa cita para decir que Argentina hoy es el norte. Ahí opera algo que no escribe: el sudamericano que "parece" europeo no cuenta como triunfo del Sur.
Argentina es Sur global aunque no le guste. No es algo que él pueda elegir porque le parece más o menos simpático.
Encima, a todo esto, se le suma que su prueba de que somos el orden establecido es que Milei se va a sentar al lado de Trump en el palco (cosa que parece que no va a ser así).
¡Es exactamente al revés!
Un argentino de invitado en un estadio de New Jersey, del lado del que manda, es la escena más periférica posible.
Confundir proximidad con poder es un error de lectura básico. Nunca fuimos menos soberanos que cuando fuimos más amigos. El abrazo es la sumisión sin fricción alguna, la rendición.
Lo que le pasa a Tharoor no es que Argentina se volvió mala. En realidad, le gustaba una Argentina que perdía. Eso dice bastante es sobre él.