esa casa que se incendia es la mía.
sigo adentro
con el corazón en las manos.
sé que vendrán mañana,
como siempre,
y no encontrarán nada
—solo el sonido de mi corazón,
que resiste todavía…
todo se me ha ido olvidando;
primero los meses,
algunos días,
el sonido del agua,
--el frío--
el nombre de mi propia persona.
así comencé a perder
el día que preguntaron por mis manos,
las regalé con gusto.
ahora, cuando lloro, todos me pueden ver...
nos dijimos adiós muchas veces
con las manos
lanzando besos al aire
pidiendo perdón
llorando para adentro, llorando
gimiendo,
apretando los puños contra mi cuerpo
maldiciendo al fin
sin querer,
sin deseos de verte volver
aunque te quiera todavía
el día que las hormigas levantaron nuestro beso muerto,
sentí una profunda tristeza.
salí a mirarlo al jardín, rodeado de tierra, y quise tocarlo.
todo me dolía-- las manos, los brazos, el cuello, la boca, la lengua.
y recordé el sabor de tu saliva,
que también comenzaba a morir
hace rato que es lunes
desde anoche
ha sido lunes hace horas
hace días que lo venía esperando
y ahora que se acaba, que por fin se acaba,
no sé cómo no lo he visto venir…
sé que me has olvidado
que me has estado olvidando
o que, por lo menos, intentas olvidarme
lo sé porque lo he soñado
te he visto
desdibujarme
darle reversa a mi nombre
y negarme tres veces
cuando te dije adiós
en algún lugar es viernes
no podrá convencerme nadie de que ese día es hoy,
este día que estoy viviendo,
porque me han prometido algo,
algo increíble,
y nada ha pasado todavía
—solo es hoy
y seguirá siendo hoy
aunque sea viernes en otro lado…
hay días en los que no me has pasado
y nadie podría hablarme de tu cara
porque no te conozco
pero hay otros,
los días menos,
en donde me duele tu nombre,
tu inicial
y el pecho me arde de saber
que te puedo encontrar
en la calle en algún restaurante
en fotos
y eres feliz