Dicen que no hay mal que por bien no venga, pero nadie te cuenta que primero duele... y luego, muy poco a poco, empieza a tener sentido. Que más vale solo que mal acompañado, aunque hay soledades que pesan más que cualquier mala compañía. Que el tiempo todo lo pone en su lugar, y aun así hay recuerdos que se quedan donde más duelen... y también donde más abrigan. Porque la vida es así, un juego constante de opuestos que se entienden: perder para ganar, romperse para reconstruirse, olvidar para recordar sin dolor. Dicen que quien espera desespera, pero a veces esperar es la forma más bonita de querer. Que el que no llora no mama, y, sin embargo, hay lágrimas que no buscan nada... solo salir. Que a quien madruga Dios le ayuda, pero hay noches que enseñan más que mil mañanas. Y entonces entiendes que no todo es blanco o negro, que también existe ese gris donde se aprende a vivir.Donde se llora riendo, donde se cae avanzando, donde se pierde... pero nunca del todo. Porque al final, aunque digan que no se puede tener todo, la vida, cuando la sientes de verdad, te da algo mucho mejor: momentos que te rompen... y al mismo tiempo te hacen sentir más vivo que nunca.
Nadie habla de lo agotador que es vivir entre el 'las cosas van a mejorar' y el 'ya no puedo más'. Es como una montaña rusa emocional donde terminas el día sintiéndote esperanzado y derrotado al mismo tiempo 🥺
Mi baile inolvidable fui yo, porque incluso atravesando el caos, con la mente cansada, y el alma rota, seguí avanzando. Y hoy, sin miedo a lo que venga, seguiré bailando en mi historia.
La Navidad llega sin pedir permiso.
Se sienta a la mesa con los que están
y deja una silla vacía por los que faltan.
Huele a recuerdos, a risas que se repiten cada año
y a silencios que también brindan.
Nos emociona porque nos junta,
y nos duele porque nos recuerda.
Al final, entre luces y abrazos torpes,
entendemos que la magia no está en los regalos,
sino en seguir siendo hogar
para quienes aún pueden volver.