¿Sabíais que la casa de UP fue una historia real?
Pero fue mucho más que eso, fue la amistad improbable entre dos personas que deberían ser enemigas: la anciana dueña de la casa y el jefe de la obra que quería engullirla.
Esta es la historia: a principios de los 50, Edith Macefield se mudó a una casa algo vieja, pero reformada, en el barrio de Ballard, en Seattle.
Con el tiempo, el barrio fue cambiando poco a poco. Las casas iban desapareciendo y, en su lugar, se levantaban comercios, talleres y naves industriales. Para el año 2005, la casa de Edith Macefield era la única casa de la manzana. Todas las demás se habían comprado y derribado.
Con la burbuja inmobiliaria, en ese terreno iban a construir un centro comercial y las casas vecinas se habían vendido por 200 000 $. A Macefield le ofrecieron 750.000 pero dijo que no, así que el centro comercial comenzó a construirse ENVOLVIENDO su casa.
El caso se convirtió en una leyenda local. A los medios les encantaba esa batalla en el que una pequeña y testaruda anciana vencía a los malvados promotores. Sin embargo, a Edith no le gustaba esa historia que vendían los periódicos. Nunca habló ni con ellos ni con las televisiones y las radios.
Ella no se veía como una heroína de nada.
Según contaría ella misma, tampoco tenía un apego especial a su casa. Pero con 83 años y una movilidad muy reducida, tampoco tenía ningunas ganas de mudarse.
Lo que sí tenía era un carácter afable que demostraba a menudo con los obreros de la construcción que la rodeaban. Adoraba volver a tener compañía, volver a tener vecinos con los que charlar. Uno de ellos era Barry Martin, el jefe de obra del centro comercial.
Martin llamaba a su puerta de tanto en vez para llevarle la correspondencia e interesarse por su salud. Macefield recibía a Martin con los brazos abiertos y las pequeñas conversaciones que tenían se fueron transformando en tardes enteras delante de un café.
Con el tiempo, Martin se convirtió en el cuidador principal de la señora Macefield. Le llevaba a sus citas con la peluquería, con el médico o al supermercado y, al poco, para poder cuadrarlas mejor con su propio horario, comenzó a concertarlas él mismo.
En los dos años que duraron las obras, la señora Macefield le contó a Martin todas las historias de su vida. Le contó que había nacido en Inglaterra, que acogió a huérfanos de guerra durante la 2ª Guerra Mundial, e incluso que hizo de espía para el ejército británico hasta que los nazis la capturaron y la metieron en el campo de concentración de Dachau, donde pasó varios meses.
A cada charla, la relación entre Edith y Barry era más estrecha, hasta que, en 2008, a la anciana le diagnosticaron un cáncer de páncreas avanzado así que, en el mismo hospital, Martin la convenció para que se fuera a vivir a una residencia hospitalaria.
Él se hizo cargo de los gastos y ella le concedió poderes jurídicos para tomar sus últimas decisiones. La última decisión de Barry Martin fue conservar la casa hasta el último día de vida de su propietaria, aunque ya no viviese allí.
La señora Edith Macefield murió el 15 de junio de 2008 a la edad de 86 años. En su testamento cedía la casa en el 1438 de la calle 46 NW del barrio de Ballard en Seattle al señor Barry Martin.
La casa aún sigue allí, tapiada con planchas de madera. Podéis buscarla en Google Maps:
https://t.co/O9YMfoPljR