Extraño la insólita tregua de un amor correspondido; esos silencios donde las paredes echaban raíces y el miedo dejaba de exigir explicaciones. El veredicto fue el fin, pero bajo la piel aún quedan esporas. Durante un tiempo alguien llamó hogar a mi forma de existir.
Parece una boludez pero a veces las cosas llegan cuando estas disfrutando otras porque el disfrute llama al disfrute como si fuera un estado vibratorio.