En algún momento, la Muerte llegará, se acercará con su silencio antiguo y te pedirá que sueltes todo. Lo que amas, lo que crees que eres, lo que construiste, lo que perdiste, incluso lo que juraste jamás dejar ir.
El desapego no es frialdad ni indiferencia, es sabiduría del alma. Es entender que nada ni nadie nos pertenece. Que todo lo que llega, un día también se va. Que el amor más puro no retiene, honra. Que la vida no se trata de aferrarse, sino de aprender a soltar.
Suelta. Antes de que la vida te lo arranque.
Suelta. Porque solo con las manos vacías puedes recibir lo que realmente es tuyo por destino.