“Al fin, la tristeza, es la muerte lenta de las simples cosas.
Esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.
Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida.
Y entonces comprende cómo están de ausentes las cosas queridas.”
“Al fin, la tristeza, es la muerte lenta de las simples cosas.
Esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.
Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida.
Y entonces comprende cómo están de ausentes las cosas queridas.”
Cantaba Luz Casal que cuando ganase la derrota habría que volver a empezar.
Durante años pensé que esa frase era una metáfora bonita, una de esas que se escuchan en una canción y se quedan flotando en el aire sin pedirte demasiado. Pero la vida, que tiene la costumbre de convertir las metáforas en carne, llega un día y te coloca exactamente ahí: en el momento en que la derrota parece haber ganado la partida.
Y entonces lo entiendes.
No hay música de fondo, ni luces suaves, ni una escena perfecta de película. Solo el silencio extraño que queda después de que algo se rompe. Solo la sensación de que todo lo que dabas por hecho se ha desordenado como una habitación tras una tormenta.
Y, sin embargo, también ocurre otra cosa.
Respiras.
Miras alrededor.
Y descubres que, aunque hayas perdido muchas cosas por el camino, todavía sigues aquí.
Así que haces lo único posible.
Recoger los pedazos que aún reconoces, dejar en el suelo los que ya no encajan, y empezar otra vez. No desde cero —porque nadie vuelve realmente a cero—, sino desde la versión de ti que ha sobrevivido a la caída.
Porque a veces la derrota gana, sí.
Pero incluso entonces, la vida insiste.
Y aquí me tenéis.
Empezando de nuevo.
Noah Higón
“I came to a point where I needed solitude and just stop the machine of thinking and enjoying what they call living, I just wanted to lie in the grass and look at the clouds.”
Lonesome Traveler
Jack Kerouac, March 12, 1922 – October 21, 1969.