“¿Los árbitros favoreciendo a Argentina? DE ESO SE ENCARGAN USTEDES, QUE SON LOS QUE GENERAN LAS POLÉMICAS” - kjjjj Lisandro Martínez DOMA a un periodista español y se retira
Mira vos el golpe bajo que tiran estos, encima hicieron la foto con IA y le puso el número que va en la camiseta, de tatuaje. Abran las escuelas de los códigos.
Durante 82 minutos, Argentina estuvo eliminada del Mundial. Perdía 0-2 contra Egipto, y los modelos de probabilidad en vivo le daban menos de un 5% de chances. Después vinieron tres goles: fue un cisne negro?
La respuesta corta es no. Un cisne negro, en el sentido de Taleb, es un evento que está fuera del universo de lo concebible: nadie lo modeló porque nadie lo imaginó. Una remontada de 0-2 en el final no califica: es rara, pero está perfectamente catalogada. Ocurre en el orden del 1 al 3% de los partidos, los historiales la registran, y cualquier casa de apuestas le pone precio. Lo que vimos fue un evento de cola, no un evento fuera del mapa.
La pregunta interesante es otra: de qué cola estamos hablando? El modelo estándar trata los goles como eventos independientes, tipo Poisson: cada gol es una moneda rara que se tira minuto a minuto, sin memoria. Bajo ese modelo, tres goles argentinos en media hora eran posibles pero muy improbables.
El problema es que los goles no son independientes. El gol del Cuti cambió el partido: Egipto se replegó, el estadio empujó, y cinco minutos después Messi empató. El gol llama al gol. Esa correlación (el clustering) hace que la distribución real de resultados extremos tenga una cola más pesada que la que predice el modelo.
Ahí está la lección: hay ‘fat tails’, pero en otro sentido. La mayoría de las “sorpresas” no son cisnes negros: son colas que nuestro modelo dibujó demasiado finas porque asumió independencia donde había contagio. Le pasa al apostador con las remontadas, le pasó a los bancos en 2008 con los defaults hipotecarios, y le pasa a cualquiera que suma riesgos como si no se hablaran entre sí. El martes no falló la probabilidad: falló, como casi siempre, el supuesto de independencia.
Este sitio tiene 16.000 personas conectadas a la vez haciéndose pasar por ChatGPT para no tener que usarlo.
Toda tecnología nueva tiene su resaca. La de la IA ya arrancó.
La web se llama, traducido, "tu basura de IA me aburre". La armó un programador y explotó a 50 millones de visitas en una semana. Escribís o dibujás lo que necesitás, pero adentro no hay ningún modelo: te contesta otra persona al azar que se hace pasar por la máquina. Tiene 75 segundos para responder pero, si querés una respuesta más trabajada, activás "modo pensamiento" y al humano del otro lado le dan el doble de tiempo.
Es un fenómeno muy particular porque, aprovechando el anonimato, mucha gente hace consultas personales y, del otro lado, un montón de desconocidos con ganas de ayudar gratis. Sin perfil, sin reputación, sin estrellitas, sin ganar nada más que el crédito para preguntar ellos. Por una vez en internet, nadie te está vendiendo nada.
Con la euforia de pedirle absolutamente todo a la IA, lo que falta a veces es tener a alguien del otro lado.
Ese internet viejo, el de los foros y los desconocidos ayudándose porque sí.