En esa casa ella manda! Todos pasan a ser perros y, los caninos desobedientes llevam tabla.
Así mismo, saco un tablón de alguna cerca que escondió bajo la almohada.
— ¿Sabes la mejor parte? —
Y ante el punto ciego de su adverso, prepara el móvil detrás.
— Que la poli no tiene tu cara al parecer. — De una movida termina sacándole foto. Se ha echado a correr.
Las medidas no daban. Pero el exceso de saliva y un forcejeó siempre funcionan. Así fue como logra tragarse una porción del pedazo, emprendiendo un vaivén con un límite establecido. Le daba miedo llevarlo más allá de la uvula.
De por si ya se encontraba atontada en su labor; pero apenas le ofreció lo susodicho, no medio palabra. Solo probó el porro, inhaló y a los segundos exhaló todo ese humo casi como una profesional.
— 𝙘𝙤𝙛-𝙘𝙤𝙛! — a medias, el sabor era fuerte y áspero para la garganta.
—Carajo...
Mordió su labio inferior mientras la cercanía entre el rostro angelical e infantil contrario estaba puesto contra su arrugado saco escrotal. No fue sino hasta el sentir la lengua decorando con saliva cada grieta en esa piel sensible que insultaría al cielo.
Ponía una cara del orto, como si hubiese comido limón. Debía buscar forma de sacarse ese sabor y que mejor manera... bajó la verga hacia sus propios labios, pequeños en comparación de la cabezota. Aún así, se animó a probar intentando meterlo dentro de su pequeña boquita.