Si Enzo no dice nada antes, el viernes no hay que ir a despedirlo, sino hacerle saber los 90 mimutos que deseamos que se quede un año más. Desde el lugar que sea. Seguramente jugando muchos menos minutos, pero es un líder que el plantel y el club necesitan. Ayer, hoy y siempre.
Si el viernes es el último partido de Enzo Pérez en casa, él de alguna manera nos lo va a hacer saber en tiempo y forma. Como aquella vez que salió llorando la cancha cuando Gallardo anunció su despedida. Por las dudas vayamos equipados con carilinas porque pueden venirse emociones fuertes. Nos une un amor incondicional con el último gran ídolo de la historia de River, y él sabe que su partido despedida en Núñez ya lo tiene garantizado y a estadio repleto cuando quiera.