Al puertorriqueño le gusta crear generalizaciones negativas sobre su población las cuales se repiten sin cuestionar en todos los medios con el fin de mantener el orden establecido y dilatar cambios estructurales.
Sé que se acerca la residencia de Bad Bunny, pero que el Tren Urbano esté inoperante es un asunto de escala mayor para las comunidades aledañas a su ruta.
Muchos trabajan, estudian, y hacen sus gestiones a través de este, debe ser prioridad de urgencia restablecer el servicio.
Aprendí que en Puerto Rico, si te apellidas Cacho y matan a tu hijo en tu propia casa, no pasa nada.
Si atropellas a dos jinetes en la carretera y te apellidas Cosculluela, no te tocan. Si eres familia de un político, puedes ir borracho, matar a alguien en la calle, y te mandan para tu casa con arresto domiciliario. Si robas millones al pueblo, te dan dos o tres años en una cárcel cómoda y no tienes que devolver un solo centavo. Pero si protestas por la corrupción, por la injusticia, por el abandono, te llaman izquierdoso, pelú, terrorista.
Te persigue la policía, te agreden, te
arrestan, te fichan, te pueden matar.
Porque en Puerto Rico ser honesto, pobre y con conciencia es un delito.
Porque aquí la ley tiene apellido y precio, la justicia no existe y el pueblo no tiene voz.
Puerto Rico me duele, me encabrona, me rompe.
Las chicas y yo sin saber si es depresión, anemia, capitalismo, el eclipse, la situación del mundo, la semana premenstrual, el patriarcado, la crisis climática o mercurio retro.