¿Todos estos defensores acérrimos del derecho internacional y el orden basado en reglas donde han estado estos 26 años de torturas, desapariciones, y ejecuciones extrajudiciales?
O ¿solo defendemos la autodeterminación y el derecho cuando coincide con nuestras preferencias?
Sobre lo de Venezuela de hoy. Intento dar mi opinión en este contexto tan propicio para las pasiones y los sesgos y prejuicios de todo tipo. Y cuando digo que lo intento, tómenlo al pie de la letra, pues lo primero de todo que me ocurre es que tengo un mar de contradicciones en mi cabeza.
1) El Derecho Internacional, con la ONU a la cabeza, se ha vuelto bastante inútil y disfuncional, y siempre ha tenido un alto componente de injusticia por el hecho de que en el Consejo de Seguridad de la ONU están, como miembros permanentes y con poder de veto, cinco Estados de los que, ahora mismo, como mínimo tres son candidatos fuertes para violar cualquier norma del Derecho internacional: Rusia, China y EEUU. Repárese en que he dicho ahora mismo.
2) La ONU y el Derecho internacional se vienen mostrando muy impotentes ante todo tipo de violaciones muy graves de los derechos humanos más básicos en muchos países. La capacidad de presión mediante sanciones internacionales solo funciona, si acaso, con países muy débiles y vulnerables. En tiempos recientes, véase la casi nula utilidad que han tenido la ONU y el Derecho internacional todo a la hora de sancionar a Rusia por la invasión de Ucrania o de sancionar matanzas brutales que han ocurrido en los últimos años y décadas en países de muy distinta orientación ideológica. Sí, puede que funcione bien frente a Ruanda..., pero poco más. Tristemente. Por supuesto, en lo que tenga de vulneración del Derecho internacional la acción de EEUU en Venezuela hoy, ninguna esperanza de eficacia, ni siquiera simbólica, del Derecho internacional.
3) Entre los fracasos del ordenamiento jurídico internacional se encuentra no solo la escasísima capacidad para difundir y amparar la democracia y el Estado de Derecho, sino también para evitar el surgimiento descarado de tiranías y nuevas dictaduras sanguinarias, como es el caso de Venezuela. Y también es extrema su debilidad para lograr mejoras en las violaciones de derechos humanos absolutamente básicos, como ocurre con los derechos de las mujeres en ciertos países islámicos. Véase lo que hoy mismo está ocurriendo en Irán, ante la mirada indiferente del mundo, de casi todos los Estados (incluida España) y ante la inoperancia completa de la ONU. En resumen, el actual sistema de Derecho internacional está viciado en origen por el poder arbitrario de cinco países, y está fragmentado porque no ha habido capacidad para imponer la democracia, el Estado de Derecho y la protección de los derechos humanos allá donde más falta hacen, y todo ello debido, entre otras cosas, a discursos posmodernos, cínicos, falsamente multiculturales, etc.
4) Lo anterior no quiere decir ni pretendo que diga que ya no merezca la pena o tenga sentido reivindicar el respeto al Derecho internacional. El que hay es un desastre, es incapaz y es injusto, pero su desaparición implicaría calamidades todavía mayores y la vuelta (ya más que probable, al parecer) a escenarios anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Por eso tiene alguna importancia que quienes nos alegramos intensísimamente por el final (si es que lo es) de la asquerosa y ladrona dictadura en Venezuela no dejemos de lamentar o hacer ver que habría sido claramente preferible que la caída de Maduro se hubiera debido a la presión legal de la sociedad internacional y no a una acción de agresión o guerra por parte de EEUU, completamente al margen de la legalidad internacional, creo. Pero aquí vienen las mil paradojas: si no se refunda un Derecho internacional eficaz y justo, las alternativas están podridas: o bien damos por bueno, en aras del respeto a las normas internacionales, que se perpetúen dictaduras sucias y asesinas, o bien damos por bueno que los países más fuertes recurran a la violencia y la guerra para acabar con dictadores... o para otras mil cosas (véase la injustificable guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, no menos grave, por supuesto, que lo que EEUU acaba de hacer en Venezuela). La situación tal vez recuerda lo ocurrido cuando se enfrentaban la Alemania nazi y la Rusia estalinista: ganara quien ganara, ganaban los malos.
Y concluyo. En mi opinión, es muy difícil pensar que a las buenas gentes de Venezuela les pueda ocurrir algo peor de lo que les pasó con el chavismo, y más en los tiempos de Maduro, pase lo que pase. Mi padre vivió en la dictadura de Franco y fue joven en la época más dura de la represión y la hambruna, los años cuarenta. Muchas veces le oí decir cómo soñaban él y otros con que después de 1945 EEUU o los aliados invadieran España para acabar con la pesadilla. Ahora bien, también opino otra cosa que no me anima nada: parece probable que con Trump se consume el triste final del modelo de Estado de Derecho que conocimos y del que, en buena medida, EEUU era muestra y guía. Probablemente vamos, también en EEUU hacia nuevos modelos de autoritarismo, uso alegal de la fuerza, concentración de poder dentro del Estado y en las relaciones internacionales, reparto del mundo entre EEUU, China y Rusia. Nada bueno. Así que lo mucho que me alegro hoy por los venezolanos ya lo estoy lamentando por mis hijos o eventuales nietos.
Si usted no es venezolano y no sabe lo que es vivir 27 años bajo una tiranía, no ha perdido 22lbs de peso por las políticas económicas socialistas del régimen, no sabe qué es emigrar y tener años sin ver a su familia, no sabe qué es andar como un paria sin documentos, no ha vivido represión y tortura de sus seres queridos; sepa entonces que la superioridad moral es de muy mal gusto. De pésimo gusto, de hecho.
El caso venezolano presenta paradojas y dilemas éticos para muchas personas demócratas porque evidentemente hay una violación al Derecho Internacional.
Entonces, si a usted le preocupa eso, véalo así: es como que la policía viole la propiedad privada de una casa donde tienen secuestrados y torturados a unos rehenes.
Con ese ejemplo, el supuesto dilema ético estamos discutible... así que, tómelo de una venezolana: nosotros estamos celebrando la caída de una tiranía de 27 años ¿Eso no le dice algo?
A primera vista parece un edificio vulgar, pero en unos días será el centro del mundo. Aquí va el hilo imprescindible de la Capilla Sixtina. Te explicaré qué la relaciona con el templo de Salomón y por qué no se ve en la foto la chimenea de la que veremos salir la fumata blanca.