Es por cosas como esta que la PSOE debe ser destruída. Se han metido en un camino sin retorno y su supervivencia como organización depende de someter y derrotar al estado de derecho. El bien común y la salud de nuestra democracia exige que la ciudadanía se desprenda de esta banda
Yo puedo votar en las elecciones generales y autonómicas en España (pero no en las municipales). Esto no tiene mucho sentido: me mudé a Estados Unidos en 1996, apenas pago impuestos en España y recibo servicios mínimos. Que mi voto decida, por ejemplo, si se abre un nuevo instituto en Mieres o se sube el IRPF en el territorio común tiene una justificación democrática más bien débil.
A la vez, buena parte de mi familia vive en España; existe una probabilidad (baja) de que regrese en algún momento; tengo propiedades inmobiliarias en el territorio nacional; y, en comparación con otros votantes en el extranjero, conozco los detalles de muchas discusiones sobre política económica. No creo que haya muchos millones de votantes que se sepan las cuentas de la Seguridad Social mejor que yo. No es que entender estas discusiones me dé una legitimidad especial, sino que demuestra una vinculación efectiva con España.
Por ello sigo votando en las elecciones generales, aunque en las autonómicas, de carácter local más acentuado, he dejado de hacerlo. Y, cuando considere que la probabilidad de regresar a España haya caído por debajo de un mínimo, dejaré de votar también en las generales.
La discusión de la “ley de nietos” durante las últimas semanas en España ilustra, pues, un punto fundamental en toda democracia: ¿quién es el demos que puede decidir el futuro colectivo?
Una persona no residente en España, por mucho que sea hijo o nieto de españoles, pero sin una vinculación directa con la vida cotidiana del país (o una probabilidad razonable de recuperarla demostrada con pruebas fehacientes, no una simple declaración de intenciones), no es parte del demos. Puede ser una persona con la que sintamos cercanía afectiva y que tenga un vínculo legal con España más fuerte que el de otras personas. Pero no debe ser votante.
Las respuestas que leo en la prensa son decepcionantes. Muchos argumentan que, a fin de cuentas, estos nuevos votantes no influirán en los resultados de las elecciones. Quizás. En el pasado no lo han hecho. Pero este argumento tiene dos problemas. Primero, ahora que forman un grupo tan grande, los partidos tienen un incentivo muy distinto para movilizar a ese electorado. Segundo, y mucho más importante, ir regalando nacionalidades y derechos de voto sin la debida seriedad demuestra que en España nunca pensamos las cosas con cuidado. Da igual si son 100 o dos millones y da igual si tienen efecto o no sobre las elecciones. Es una cuestión de legitimidad.
Una y otra vez, en España, tomamos decisiones sin hacer números, movidos por el “buenismo” de quedar bien en el telediario de las nueve. Y no, no son los políticos. Estoy 100% seguro de que, de haberse realizado un referéndum sobre la “ley de nietos” (olvidándonos del resto de la Ley de Memoria Democrática), el sí habría ganado de manera abrumadora.
No nos tomamos nada en serio y somos frívolos.
@eumd Para mí ante este tipo de equipos es más importante la amenaza entre líneas y por eso lo veo en la MP. Los jugadores que tienes en la base son suficiente para este partido.
Dicho eso, mete más gente que pueda jugar bien entre líneas. El ejemplo de Alemania ayer es el más claro.
@Arroyer@l_Alcazar Ahí está. Uno de los grandes conectores de la historia del fútbol recordado por goles de empujar y de rebote. En fin.
Y ya ves tú. Sólo tienes que ponerte un partido y verlo.
Primero os pasáis días señalando a Jon, publicando dónde trabaja, reconstruyendo su biografía y orquestando un linchamiento público. Cuando se cierra la cuenta, la culpa la tiene el BBVA. Vosotros solo pasabais por allí.
Y de paso se cae vuestro propio argumento inicial. Si el BBVA es el que ha forzado el cierre, es porque su actividad en redes no defendía la posición del banco, sino que la incomodaba. Llevábais semanas insinuando que Jon era el portavoz oculto de los intereses del BBVA, y ahora resulta que el banco prefiere que se calle. No se sostiene ni cinco minutos.
Habéis ido a por el empleado, no por la empresa. Habéis hurgado en su nómina, no en sus datos. Habéis convertido un debate sobre pensiones e impuestos en una caza personal. Y ahora que ha funcionado, exigís que se señale como responsable a la entidad para no asumir vuestro propio papel en el linchamiento. Es la cobardía elevada a método.
Si tuvierais un solo argumento sobre el fondo, lo habríais usado. No lo teníais. Por eso escogisteis el atajo: destruir al mensajero y luego lavarse las manos.
En España (en el mundo entero, en realidad), no se gana teniendo razón. Se gana ganando, que es un juego aparte. La gente inteligente, competente y cívica a menudo deposita demasiada confianza en la inteligencia, la competencia y el civismo. Ganar requiere otras cosas.
Años diciendo en mis conferencias: Todos cambiarán el discurso, pero no lo harán cuando suban las violaciones a niñas, lo harán cuando baje la intención de voto.
A ver, esto no va de un programa ni de un periodista concreto. Va de una dinámica sostenida: de cómo, uno a uno, el gobierno español señala, desacredita e intenta aislar a todo el que no encaje en un periodismo unidireccional, de causa y bandera, que algunos etiquetan como progresista, combativo, militante, libertario, ecologista, feminista, aliado, lo que sea. Un periodismo que hoy, en la práctica, actúa solo como escudo del poder.
El patrón es siempre el mismo: quien no pasa por ese filtro es reaccionario, bulero, ultra, franquista, vendido o traidor. Se dice que en El País los de Caño éramos unos fachas; que Federico no puede ser entrevistado en la televisión pública; que The Objective o El Debate son fango; que ABC, la COPE o El Mundo son proyectos directamente franquistas; que Telemadrid es “Telayuso”; que Iker es un mentiroso; que servidor es un traidor a su patria. Y así sucesivamente. La etiqueta sustituye al argumento. Se descalifica y se da por cerrado el debate.
Mientras tanto, el presidente vive parapetado. Acusa desde la tribuna, pero rehúye preguntas. Viene por ejemplo a Washington y se refugia en algo que denomina «cobertura institucional», una fórmula insólita: su propio equipo informa de la agenda con grandes loas y sin contraste. Sin prensa. Y si se conceden preguntas, se filtran a medios estatales o afines. Lo he visto con mis propios ojos.
El ministro de Exteriores, otro, ofrece ruedas de prensa que duran segundos, comparecencias medidas al milímetro, preguntas seleccionadas, canutazos diseñados para impedir repreguntas incómodas. Y además presiona a compañeros. El mensaje es claro: control de todo, reducción del riesgo, minimización del escrutinio de la prensa.
Y entonces llega lo más preocupante, que es que parte del gremio aplaude o justifica esa reducción. El problema deja de ser individual y pasa a ser estructural. Se crea una masa que, por convicción o por miedo, se alinea con lo que la élite supuestamente bienpensante decide. Se firman manifiestos «contra el golpismo mediático» 😳. Se promueven vetos a periodistas de todo perfil. Se argumenta que los límites de la libertad de expresión están donde empieza la incomodidad del poder ante una pregunta.
Ojalá por una vez el periodismo en España dejara de posicionarse en función del poder para defender algo más básico, el derecho de una sociedad a estar informada sin manipulaciones, sin causas y sin banderas. Con hechos. Y sí, con un corporativismo firme frente a las amenazas del poder. Porque cuando un presidente señala a compañeros, como hizo con Iker, con The Objective, con Naranjo o con quien sea, incluido Vito, nos está señalando a todos, guste o no.
Si eres la presidenta de REE, dices que es imposible que haya un apagón y hay una apagón, debes dimitir.
Si eres el ministro de Transportes, dices que el tren vive el mejor momento de su historia y luego, para justificarte, dices que la red está muy deteriorada, debes dimitir.
@fernandoajenjo Pensando en esto siempre me viene a la mente la final de Kroos y Modric contra la presión del Liverpool de Kloop. Como la desactivaron.
No puedes ver eso hoy en día.