Soy tan transparente que se me nota todo, cuando me quiero ir de un lugar, cuando alguien me cae mal, cuando estoy triste, juro que es algo que no lo puedo evitar.
Al final, llega un momento en que entiendes que no vale la pena reclamarlo todo. Observa, acepta la decepción y toma distancia. No todos tienen la misma conciencia ni saben valorar lo que reciben. Cuida tu paz y deja que cada quién aprenda de sus propias decisiones.