El que se viste de sí mismo no tiene que andar demostrando nada. Esa es una de las mejores formas de tener tranquilidad: ser quien eres sin esperar a que otros te validen por eso.
Hay gente que olvida todo lo que hiciste por ella. Se ahoga en el mar de su resentimiento y su ingratitud. Dios te protege y te cuida de quien, desde su odio, quiera hacerte daño. Confía y sigue adelante.
La verdad, no entiendo cómo una persona, ya en su etapa de vida adulta, permite que una pareja sea un problema y una razón más de estrés. Suficientes problemas económicos, personales, familiares y laborales tiene uno como para estar diciéndole a otro adulto cómo debe tratarte.
Una homilía del mes pasado, Jesús fue a Nazareth y en la sinagoga les dijo que él era el hijo de Dios. Todos se sorprendieron, para algunos fue maravilloso pero a otros les surgió la pregunta “¿este no es el hijo de José?”
Si quieres una vida tranquila, protege las cosas ordinarias. Como el sueño. Las comidas. Los paseos. El descanso. La soledad. A quién dejas entrar. Todo suma.
Había un compañero en la oficina que nunca se quedaba a almorzar con nosotros. Todos los días hacía lo mismo. 12:30.
Cerraba la computadora.
Salía. Y volvía exactamente a la 1.
Nunca aceptó una invitación.
Nunca un café.
Nunca un almuerzo de equipo.
Empezamos a decir lo típico.
"Es un antisocial."
"No le interesa integrarse."
"Va siempre a la suya."
Hasta que un día coincidimos en el ascensor.
Le pregunté en broma:
—¿Algún día vas a venir a comer con nosotros?