El escape. El psicólogo barato.
Seas un amateur o un profesional, uno entra a una cancha a jugar y se olvida de todo. La redonda cura.
La pelota es lo más grande que hay.
La situación es catastrófica. Me fui a dormir angustiado y me levanté igual. Esto es similar a un proceso de ruptura amorosa. Y lo peor es que no puedo hacer nada para evitarlo. Mi cerebro está literalmente en duelo.
Hay algo que siempre me conmovió más que tus gambetas, tus goles, los títulos y tu fútbol: el hecho de querer venir siempre a ponerte la camiseta de tu país. Gracias por no darnos la espalda ni en los peores momentos. La gloria es eterna. Tu legado, también. Lionel Messi.
El futbolero está en su casa, masticando bronca, llorando, tratando de retomar fuerzas para encarar uno de los lunes más duros de su vida. Acá están los que ven futbol cada cuatro años y mucho no entienden, a veces me gustaría ser uno de ellos.
Como cuando tenía 6, como cuando tenía 7, como cuando tenía 8, como cuando tenía 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22 y 23.
Mi ídolo. De toda una vida. Gracias, una vez más.
Pobres lo que murieron sin ser contemporáneos a vos. Pobres los que todavía no nacieron y no saben de vos. Es reiterativo, pero no me va a alcanzar la vida para agradecerte por dejarme ser un granito de arena en todo esta historia de amor. Termine como termine, codo a codo hasta el final con vos.