-Guarda silencio unos segundos, sopesando la respuesta-
Sabes que si necesitas una mano sólo tienes que llamar. El puto pesado no seguirá acechándote en sueños, ¿no?
-Sabía que el sur estaba llevándose la peor parte, y en parte se sentía terrible por estar quedándose en +
Dejar de sentir el suelo bajo sus pies la hace reir como una chiquilla. Los mejores abrazos siempre los dará el Toro, siempre.
Cuando vuelve al suelo, opta por suspirar.
— Podría estar mejor, sí. Pero me necesitan.
Tiene unas ojeras que da miedo verlas.
Sabes que no es un trabajo, es mi pasatiempo favorito.
-No va a pedir de vuelta el pañuelo, sabe que ya se lo dará de vuelta perfumado-
Sí, le dije que la invitabas para cenar.
—¡No lo digas como si amarme fuese un trabajo! Me ofendes.
Se limpia los ojos con delicadeza, que todavía tiene maquillaje puesto.
—¿Has encontrado a Mae?
Entonces sí que hay más grifos por ahí.
-Tiene que contener su emoción al respecto, pero lo tiene más que ensayado para que no se le note-
Menos mal que habéis levantado cabeza desde lo de Amaranthine. De verdad.
-Se había distraído tanto que no recordaba lo del saludo. Pero en cuanto ve el gesto de Melana se gira con una sonrisa para darle un abrazo en condiciones que la alza del suelo. Al volver a dejarla, pone las manos en sus hombros-
¿Qué tal estás? Y no mientas, sabes que no sirve.
-Se acerca un par de pasos, para no tener que alzar la voz al hablar. Y aunque mantiene un tono bajo para conservar la confidencialidad, se le nota la incredulidad en la voz-
¿Eres adaari de verdad?
Huh. Entonces no sabes de esa vez que jugaron a amontonar jarras de cerveza sobre mis cuernos.
-No ha sido un desliz, por supuesto-
A pesar de todo lo pasábamos bien. Creo que no lo teníamos tan jodido como vosotros ahora.
Me creo menos esto que lo de los nugs gigantes, y lo tengo delante.
-Extiende una mano hacia el grifo para rascarle bajo el pico ya que ella le está rascando sobre la cabeza. Había perdido dos dedos hacía décadas por una situación muy parecida, pero le daba igual-
¿Necesitas un pañuelo? Me traje el de trescientos hilos que me regalaste, para que no te quejes.
-Le acaricia la mejilla con el dorso de sus dedos, conteniendo una sonrisa-
El mismo que viste y calza. ¿Llego la canción esa hasta Antiva o es que la jefa ha hablado sobre mí?
-Él no había oído mucho sobre el variopinto grupo que estaba ahora deslomándose por salvar Thedas, pero sí lo suficiente-