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Lo que voy a decir suena a obviedad, pero es *imposible* pensar una Arquitectura sin el medio ambiente.
Todos los edificios de Granada están llenos de naranjos y limoneros.
Están en todos lados y todos los patios, en cada rinconcito de sombra hay un perfume cítrico delicioso.
Desmontemos un mito, por favor.
Hablemos de la supuesta "corrección óptica" de las manos y la cabeza del David de Miguel Ángel que se repite una y otra vez sin pararse a pensar.
Ni mucho menos a mirar.
Sobre la idea tan manida de que le hizo una cabeza enorme, un cuello gigante y unas manos desproporcionadas porque así "desde abajo se ven bien":
- La corrección óptica no funciona así. Para que funcione, la corrección óptica tiene que afectar a toda la figura, no solo a su cabeza, cuello y manos.
- Las manos ni siquiera están las dos en el mismo plano, de modo que tendrían que ser distintas y, sin embargo, las dos son enormes. De hecho, la derecha (más cercana al espectador) es más grande que la izquierda, que está más lejos, con lo que se invalida la supuesta teoría de la "corrección óptica", que en todo caso tendría que ser a la inversa.
- El David, como obra instalada en el espacio público, no se veía desde una única perspectiva. Hay una visión lejana que es la principal, porque la gente no se iba a tapar los ojos hasta verlo desde "cerca".
- Pero si lo veis desde "debajo" (tanto la réplica en la Signoria como el original en la Accademia) veréis que el supuesto efecto óptico no funciona: al revés, cuanto más picado es el ángulo de visionado de la escultura, más se aprecia la desproporción. Como es lógico, porque es una perspectiva muy forzada.
- Miguel Ángel por supuesto que tuvo en cuenta la observación de la escultura, pero su alteración del tamaño de las partes del cuerpo es ante todo EXPRESIVA, no una corrección óptica que, en todo caso, no tendría sentido a menos que se obligase a la gente a mirar la escultura desde un único punto de vista.
- Juega con el tamaño de manos, partes del cuerpo y cabeza porque tienen que contarnos una historia y quiere mover nuestra mirada por diferentes puntos de atención. Si la mano derecha, caída, no fuese enorme, no nos fijaríamos en ella, y necesita que la veamos para completar la narración, ya que en esa mano está la piedra que convierte a este hombre desnudo en David y su tensión marca el tono de toda la pieza.
En serio: dejemos de repetir ideas simplonas para explicar cosas que son complejas.
A los ladrillos vidriados de colores usados para revestir o decorar los llamamos ᴀᴢᴜʟᴇᴊᴏs. La palabra se emplea desde el siglo XIV; dado que eran uno de los elementos representativos de la casa, los azulejos llevaban aparejados un rico vocabulario que hoy está en desuso.