Hoy han desahuciado a mi madre.
Hoy he visto cómo la comisión judicial entraba en la casa donde crecí.
La casa a la que mi madre se mudó cuando se casó.
La casa donde aprendí a caminar.
Donde celebramos cumpleaños.
Donde discutimos y nos reconciliamos.
La casa donde mi padre pasó sus últimos días de vida.
Hoy un cerrajero ha cambiado la cerradura de esa puerta.
La misma que abrí miles de veces sin imaginar que algún día ya no sería nuestra.
Hay algo profundamente frío en cómo el sistema convierte una vida entera en un trámite.
Siempre hablamos de los desahucios como cifras.
Miles al año. Decenas cada día.
Pero cuando te toca, deja de ser estadística.
Tiene recuerdos en los cajones.
Tiene marcas en la pared donde medías tu altura.
Mi madre es viuda. Jubilada.
No tiene un certificado oficial de “exclusión social”.
No aparece en ningún titular.
No cumple quizá todos los requisitos burocráticos para que el sistema la considere vulnerable.
Y, sin embargo, lo es.
Está en ese limbo donde no eres lo suficientemente pobre para que te protejan,
pero sí lo suficientemente frágil como para quedarte sin nada.
Si a mí no me hubiera ido bien, hoy estaría sin un techo.
Con la pensión embargada.
Con todo embargado.
Después de una vida entera trabajando.
¿Cómo puede ser que en un país que presume de bienestar la vivienda no sea protegida como un derecho fundamental real y efectivo?
No hablo de regalar casas.
Hablo de impedir que una persona mayor, viuda y jubilada pueda quedarse literalmente en la calle.
Hablo de entender que el hogar no es un activo financiero más.
Es el lugar donde una vida ocurre.
Yo he podido comprarle otro piso.
He podido amortiguar el golpe.
Pero eso no convierte el sistema en justo.
Solo convierte mi historia en una excepción afortunada.
Porque la diferencia entre estar protegido y estar en la calle no debería depender de si tu hijo ha tenido éxito.
Debería depender de si somos una sociedad que entiende que hay mínimos que no se negocian.
Hoy no solo han cambiado una cerradura.
Han confirmado que el derecho a la vivienda sigue siendo papel mojado cuando deja de cuadrar en una hoja de cálculo.
Y mientras eso siga siendo así, seguiremos llamando “normal” a algo que, si lo miramos de frente, es profundamente inhumano.
La policía ha podido matar a esta persona de manera exacerbada. Yo estaba al lado y el chaval no destacó por hacer nada, pero un hombre de paisano, posiblemente un secreta, lo sacó para que la policía lo detuviera. Literalmente comenzaron a destrozar su cuerpo y se lo llevaron
@CulturaUltraESP Hay peña riéndose de que apuñalen a uno en el suelo. Bueno, en el suelo, de pie, o dando saltos con las orejas. Mentalidad,cultura, acab y no sé qué, supongo.
Países bombardeados por Estados Unidos en los últimos dos años: 8
Países bombardeados por Israel: 7
Países bombardeados por Irán: 1 (el propio Israel como autodefensa)
Pues de alguna manera quien amenaza la seguridad mundial es el último.
Absoluta vergüenza. No somos tontos.
En estos momentos, barcos sionistas asaltan la flotilla solidaria Sumud y secuestran en aguas internacionales a civiles que simplemente llevaban fórmula para bebés y ayuda humanitaria para la población hambrienta de Gaza.
"Israel" sigue violando toda ley internacional cuánto le da la gana, haciendo actos de piratería contra embarcaciones civiles en aguas internacionales.