Is 73 the most perfect number in existence?
It’s the 21st prime.
Its mirror (37) is the 12th prime.
Its digits multiply to 21.
And in binary, it's a perfect palindrome (1001001).
@literlandweb1 Te enseña a contrastar, a coincidir y también a diferir. La lectura te acerca a historias, personajes e ideas que te acompañarán siempre, y de esa forma te acerca a las personas correctas.
Yourcenar: "¿Y qué es el error, y su sucedáneo la mentira, sino una especie de 'caput mortuum', una materia inerte sin la cual la Verdad, harto volátil, no podría triturarse en los morteros humanos?".
Hoy hace cuarenta años que falleció #JorgeLuisBorges.
“De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación”.
En este vídeo leo el poema de Cavafis «El dios abandona a Antonio», primero en el original griego, y después en mi traducción incluida en la Poesía completa (Pre-Textos). De fondo suenan Jim Hall & Bill Evans, 'I Hear A Rhapsody'. Feliz y alejandrino lunes.
La épica tradicional griega es una gran caja de resonancia donde cada acción individual obtiene su eco y repercusión en el resto de ese universo. Los personajes son máscaras públicas y actúan en consecuencia. La cólera de Aquiles no es el enfado de quien se ha hecho un corte al afeitarse, sino toda una escenificación que influirá drásticamente en el desarrollo posterior de la guerra. Por eso es un hecho "cantable".
Pero he aquí que la Odisea desplaza todo de lo público al ámbito de lo privado. El argumento de este poema resultaría intrascendente para el sentir colectivo de la vieja épica y sus resortes. Si Odiseo hubiese muerto devorado por Escila o por el cíclope, el mundo habría seguido igual. Penélope se habría casado con algún pretendiente y el gran torrente de la vida se habría encargado de absorber todo eso, como pequeñas, insignificantes gotas. Hasta la propia geografía del poema es en buena medida excéntrica, irreconocible, alejada de todas las rutas normales. Calipso, Circe, Escila, Caribdis, las sirenas, el cíclope... Todos viven solos y apartados. Son el árbol que nadie ve en una selva lejana. No son dignos de canto porque nadie acude a ellos.
Ahora bien, la intrascendencia de la Odisea, su ausencia de "causalidad épica" (al estilo de la cólera de Aquiles) no es el defecto sino el propio eje, el argumento. Por primera vez aparece la soledad frente al mundo, el diálogo interior, el presenciar al árbol que cae en el bosque para otorgarle su existencia. Y la genialidad de Homero estriba en partir de una narración más tradicional, la historia de los nóstoi, que seguiría moviéndose en los términos colectivos (quién llegó finalmente, quién se perdió, a quién mataron al volver) para reconducirla a la historia del regreso de un solo hombre, y así hablar del regreso de todos nosotros, o de la imposibilidad del regreso.
Por supuesto, esta emergencia de lo subjetivo en el poema ha llevado a no pocos críticos (y con razón) a encontrar una conexión entre la Odisea y la novela moderna. Pero se ha tendido a pasar por alto algo que a mí me resulta evidente: la Odisea está más cerca de la incipiente lírica que de la épica. No nos engañemos, de todas formas. En la Odisea hay épica genuina, cómo no. Pero también hay un atisbo de reformulación lírica de los hechos épicos. La conexión más clara la vería con la figura lírica más importante (a mi juicio) de los griegos, con Safo y con toda su poética de la subjetividad que, en cierto sentido, conlleva una revolución. "Lo más bello es lo que uno ama". Y el amor, para Safo, no es algo que transita por el mundo como los carros guerreros de los lidios en armas, sino "lo que me ocurre a mí", lo que me golpea como el viento que embiste a las encinas en el monte. Tenemos otros casos extremos de subjetividad entre los líricos arcaicos, como Arquíloco. Pero el gran poeta de Paros aún se muestra demasiado doliente, resentido con el mundo. Su agonismo es una exposición pública. Safo es más bien un hablar consigo mismo en voz baja. Y por eso su voz es tan poderosa y ha llegado tan lejos.
El poeta de la Odisea, o al menos la fijación por escrito del poema, serían *casi* contemporáneos a Safo. Acertamos a ver un repentino surgimiento de lo subjetivo en la época arcaica, que no derriba lo público, sino que se va escurriendo poco a poco por las rendijas. Una nueva pulsión que no termina de borrar lo colectivo, pero que comienza a hacerse oír con más y más fuerza, tal vez a la par que el nacimiento de la polis. Ya no importa tanto describir qué hacen los héroes sobre el mundo, cuanto quiénes somos nosotros y cómo representamos dicho mundo. Qué nos ocurre, en suma, quiénes somos, pobres seres intrascendentes, "sobre la negra tierra".
La Ilíada comienza con el "canta diosa...", y el poeta se anonada, se convierte en instrumento colectivo para la voz de la divinidad. En la Odisea, por contra, el poeta dice "háblame, musa, de un hombre...". Y podrían ser dos amigos charlando en una cafetería. Con ese primer verso comienza a girar la gran rueca de la memoria y del diálogo.
La Odisea es un inmenso tapiz de voces y de historias entrelazadas, donde siempre alguien le está contando algo a otro. Da la sensación de que el aedo en todo momento está explorando el propio mar de su arte, y por él navega y se lanza a la aventura, tal vez compartiendo sus perplejidades con el público. Y es que no estamos ante una "indagación" en el lenguaje como algo abstracto y mecánico, sino que en todo momento se nos deja habitar en los entresijos del acto del habla, de la palabra humana, ya desde ese primer verso ("háblame, musa..."). La Odisea es, en fin, el gran poema del diálogo, sustentado en la 'xenía', la aceptación del otro como interlocutor. El rey de Ítaca, héroe de la palabra más que de la acción, necesita siempre de ese diálogo para prosperar en su viaje mediante la persuasión o incluso el engaño.
Pero en esa travesía verbal Homero descubre y nos descubre fascinantes límites. Cómo no sentirnos sobrecogidos ante el violento silencio que Ayante le devuelve a Odiseo en el Hades. Ayante, el único difunto que no se muestra locuaz, es inmune al diálogo que le intenta tender Odiseo, no porque no pueda decir nada sino porque ya lo ha dicho todo, resentido, aun después de muerto, por perder en el juicio de las armas de Aquiles. Armas que, dicho sea de paso, a Aquiles, que preferiría (así se lo dice a Odiseo) servir de labriego que ser rey de los muertos, poco le debieran ya de importar. Ayante es el héroe tradicional fosilizado en su propia lógica, completamente refractario al nuevo mundo que describe la Odisea. Y así se marcha hacia las sombras y el silencio.
Pero hay otros personajes igualmente insensibles al diálogo con Odiseo. Escila y Caribdis no son bestias marinas, sino seres divinos que habitan fuera del lenguaje. Diríase que incluso inmunes a los dioses, dotados de habla. Imposible persuadirlos. Las sirenas, por contra, son puro lenguaje, puro canto. Y, en cierto sentido, son la antítesis del aedo. Éste necesita siempre de un canal de comunicación con su auditorio. El propio poema es un inagotable diálogo entre el cantor y nosotros, los lectores de toda época. Pero el canto de las sirenas es un canto sin sentido, vuelto sobre sí mismo, como un molino siniestro girando en medio del mar.
El caso de Polifemo es en extremo peculiar. Aparentemente hay un diálogo, pues Polifemo hace uso del lenguaje e interactúa. Pero ese lenguaje no es más que un conglomerado de palabras resonando en una cámara estanca. Los cíclopes, nos avisa Homero antes, no saben de ágoras ni de normas. Polifemo desconoce y desprecia el lenguaje como hecho social, la civilización, la polis. Y Odiseo, que lo sabe perfectamente, le lanza una carga de profundidad que sólo estallará en el diálogo de Polifemo con los otros cíclopes, cuando aflore el malentendido. El duelo entre Polifemo y Odiseo no es un duelo de fuerza bruta, aunque le acaben clavando al pobre cíclope una estaca candente en el ojo. Es una lid esencialmente lingüística.
Por último, tenemos otro silencio especialmente emotivo, que es el del encuentro del perro Argos con Odiseo. Aquí no sirven las aladas palabras porque perro y amo no las necesitan. Y Homero, gran orfebre verbal, prefiere evitar esas palabras y el subrayado innecesario por sentimental, pues el lector ya ha comprendido qué se han dicho ambos antes del lenguaje.
@Juanmanuelmaci@elbarroquista Desde el siglo VIII a. e. c. Homero (aquel aedo ciego que viajaba recitando sus rapsodias) evidenció que
el lenguaje no es un código de información, un simple espejo
pasivo de la realidad, es una herramienta que la construye: el
lenguaje performa.
Me hace muy feliz anunciaros que por primera vez estaré firmando en la @FLMadrid.
El sábado 30 de mayo, de 12 a 14 h., me encontraréis en la caseta de @Asturlibros (número 32, bloque 4) del bello Retiro.
¡Venid a verme!
#FLMadrid26
@Alma10566174210@literlandweb1 Hola, Alma. Un gusto leerte, tengo el ePub de Susana «Nada que perder», no encuentro la cita sobre la Odisea, ¿en qué parte aparece? Gracias y saludos.