Mensaje para 2019
Cuando te derrumbes
Cree en ti y te levantaras
Cuando todo falle
Cree en ti y lo arreglarás
Cuando las luces se apaguen
Cree en ti y brillarás
Cuando todo parezca perdido
Cree en ti y vencerás
Cuando nadie mas crea en ti
Cree en ti y todo se te dará
CREE EN TI
El radio taiso japonés, ese ejercicio que mucha gente recomienda.
Es súper útil para mantener la salud de los hombros, corregir la postura y fortalecer el cinturón de los hombros.
Porfirio Díaz hizo su viaje de luna de miel a Nueva York en 1882 y Thomas Alva Edison en persona lo llevó a conocer su taller. Díaz era un fanático de la tecnología, y cuando vio la bombilla eléctrica encenderse en el laboratorio de Edison quedó obsesionado con una idea fija: convertir a la Ciudad de México en la ciudad mejor iluminada del mundo. Esa obsesión tardó casi treinta años en materializarse y el resultado fue una de las historias de ingeniería más ambiciosas del siglo XIX en América Latina. El punto de partida fue discreto: en 1879, una fábrica textil en León, Guanajuato instaló la primera planta termoeléctrica de México para uso propio. El 15 de septiembre de 1880, el día del cumpleaños número cincuenta de Porfirio Díaz, se encendieron las tres primeras lámparas incandescentes en el Zócalo de la Ciudad de México. Un gesto político disfrazado de progreso tecnológico. Para 1885 la capital ya tenía 100 kilómetros de tuberías de gas, dos mil faroles de gas, cincuenta focos eléctricos dispersos por el centro, y quinientos faroles de aceite para los barrios periféricos que la modernidad todavía no alcanzaba. Fue el ayuntamiento el que contrató en 1896 a la empresa alemana Siemens y Halske para hacerse cargo del alumbrado público, y los alemanes organizaron la Compañía Mexicana de Electricidad. Pero el gran salto llegó en 1898 cuando los canadienses de The Mexican Light and Power Company pusieron los ojos en la Sierra Norte de Puebla, donde las caídas del río Necaxa tenían un desnivel de casi mil setecientos metros. En 1903, Díaz les otorgó la concesión de esas aguas a cambio de un compromiso: electrificar el centro del país. Cincuenta ingenieros y dos mil trescientos trabajadores empezaron a perforar montañas, tender túneles, construir presas con arcilla porque no había concreto suficiente, y transportar veinticinco mil toneladas de maquinaria a una sierra poblana sin caminos. El 10 de diciembre de 1905 llegó por primera vez electricidad de Necaxa a la Ciudad de México. La empresa canadiense redujo el precio del kilovatio a la mitad de lo que cobraban los competidores y en pocos años controló el 80% de la energía eléctrica del país. Para 1910, cuando Díaz celebró el Centenario de la Independencia, la planta de Necaxa producía 100 mil caballos de fuerza, comparable en potencia solo con las cataratas del Niágara. Esa noche de septiembre de 1910, la Catedral Metropolitana fue iluminada con diez lámparas de arco y dieciséis mil bombillas incandescentes. Las torres mostraban encendida la palabra "Paz." Las calles del centro estallaron con un millón de bombillas. La prensa internacional declaró a la Ciudad de México la ciudad mejor iluminada del mundo. Cinco meses después, Francisco I. Madero lanzó el Plan de San Luis y Porfirio Díaz huyó a París a morir.
NUNCA subestimes el poder de la gratitud. Agradece tu salud, la comida, el agua, a tus seres queridos, un hogar, una cama donde descansar, el café de la mañana.
La gratitud te coloca automáticamente en un estado de recepción. Y cuando agradeces, llega más, mucho mucho más.
LA TEORÍA DE LA SILLA.
Hubo un momento en mi vida en el que alguien me habló de la teoría de la silla… y desde entonces, algo cambió. No volví a mirar mis relaciones —ni mi lugar en ellas— de la misma manera.
La idea es simple, pero poderosa:
Todas las personas tienen una mesa en su vida.
Quienes te valoran de verdad, te sacan una silla en cuanto llegas.
Te hacen espacio.
Te miran.
Se acomodan sin que tengas que pedir nada.
Tu presencia es natural, bienvenida, evidente.
Pero también existen los otros:
Los que te dejan de pie.
Los que hacen como si estorbaras.
Los que te ponen a prueba para ver si “mereces” sentarte.
¿La verdad incómoda?
Si tienes que pedir tu silla una y otra vez…
no es falta tuya: es la mesa equivocada.
Cuando tienes que insistir, esperar o encogerte para caber…
no es falta tuya.
Estás en la mesa equivocada.
No luches por espacios donde te tratan como un añadido.
No insistas donde tu presencia incomoda.
Ve donde tu presencia suma.
Tu silla existe.
Solo te falta sentarte en la mesa correcta.
Empieza dónde estás con lo que tienes.
Y después te levantas y mejoras 1%.
Y al día siguiente te levantas y vuelves a elegir algo que mejorar 1%.
Y así sucesivamente. Para siempre.
El regalo del juego es seguir jugando.
Ve a hacer ejercicio,
No se lo digas a nadie.
Lee un libro,
No se lo digas a nadie.
Sal a correr,
No se lo digas a nadie.
Come sano,
No se lo digas a nadie.
Crea contenidos de valor,
No se lo digas a nadie.
Hermano,
"El que guarda su boca y su lengua, guarda su alma de angustias."
- Proverbios 21:23.
Antes pensaba que la paz interior era solo armonía, silencio, descanso y la suavidad.
Ya aprendí que la paz interior también se ve como estar cumpliendo tu potencial, estar haciendo lo que viniste a hacer y estar empujándote al más alto nivel.