"… porque ahora el sentido de la nada, que tiende a intoxicar la humanidad, ha sido vencido por la luz y la esperanza que surgen de la resurrección."
-Benedicto XVI
Un amor humano, imperfecto, pero habitado por Dios. Un amor que, aún vivido en la tierra, tenga sabor de cielo y nos recuerde que fuimos creados para amar sin perdernos y para ser amados sin miedo. Ese es el anhelo del corazón.