Si wey, ahorita regreso contigo para que arruines mi cumpleaños, vivir estresada, encerrada y preocupada, llorando por tus pendej4das
espérame tantito.
Me lo tomo personal, porque a esta edad uno ya sabe lo que hace, con quién lo hace y por qué. No hay excusas, los actos hablan solos y no tengo por qué minimizar nada.
Mi silencio no es indiferencia, es cansancio. Porque si dejo de hablar, de explicar, de intentar entender, es porque ya agoté todas las palabras. Y cuando yo, que siempre busco resolver, me callo, algo muy dentro ya se rompió.