Pídele a Dios por buenas amistades.
Amistades que te acerquen a Él.
Amistades que te ayuden a crecer.
Amistades que cuando quieras rendirte te ayuden a seguir.
Amistades que recen por ti.
lo que es bastante triste es que la industria musical española promueva a este tipo de personajes en vez de a artistas de verdad que se dejan el alma en cada concierto
El Adviento tiene un profundo sentido de preparación, de examen, de vigilia. Debemos vivirlo con cuidado, con atención; no vaya a ser que no encontremos al que estamos esperando. Lamentablemente, el ruido, la agitación, el consumismo nos pueden despistar de su verdadero sentido. Es tiempo de mirar a la estrella que nos conduce al Portal.
Momento de esperanza, de espera activa. La ilusión de vivir bien la Navidad contrasta con nuestra experiencia de haber desaprovechado esta estupenda ocasión. Pueden pasar las fechas sin que nos acerquemos al Portal, sin que le llevemos el cariño y presentes al Niño Dios. Igual dejamos pasar la oportunidad de unirnos más a nuestros seres queridos, de reconciliarnos con algún pariente, de dar el cambio que tanto deseamos.
La costumbre de la corona de Adviento, con sus cuatro velas que vamos encendiendo cada domingo, nos anima a ser más luminosos, a tener y dar más luz según se va acercando la Navidad.
Vamos a proponernos un pequeño itinerario de mejora. Por ejemplo, llenar de paz nuestro interior, perdonando y pidiendo perdón a los nuestros. Acercarnos al sacramento de la reconciliación, haciendo una buena confesión preparada, meditada, rezada. Podemos pedir ayuda a un amigo, un sacerdote, en el caso de que nos cueste o no sepamos.
Los momentos de preparación piden esfuerzo, sacrificio. Es la oportunidad de desprendernos de algún vicio, de mejorar en eso que nos gustaría: liberarnos de la dependencia del móvil, del tabaco, del mal hablar. No usar el nombre de la Sagrada forma en vano y ayudar a que otros no lo hagan. No deja de ser una falta de respeto a lo más grande que tenemos, el Cuerpo de Cristo.
Vivir la espera con paciencia ayuda a valorar aquello que deseamos. Respetar los tiempos es bueno, dice el Eclesiastés: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, … tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de lamentarse, y tiempo de bailar…; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz”. Ya llegarán los turrones y mazapanes, el pavo y el cava. Ahora un poco de sobriedad nos vendrá muy bien.
dios mío lo feliz que fui en este momento nada de pensar en un futuro incierto lleno de responsabilidades sólo asegurar por mi vida que me iba a casar con uno de ellos y los demás iban a ser los padrinos