Yo nací para el amor romántico, las comidas familiares en Domingo, los besos, el tiempo de calidad, estar acostada en el pecho de la persona que amo, TODO ESO.
Te acojona, porque sabes que puede salir bien… o puede doler como nunca.
Pero aun así, no quieres pararlo ni de broma.
Porque en el fondo, lo que más miedo da, también es lo que más vida te da.
El amor.
𝑳𝒂 𝒄𝒉𝒊𝒄𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒆 𝒑𝒓𝒐𝒕𝒆𝒈𝒆
La vida le enseñó que el dolor llega sin avisar. Que confiar duele, que entregar el corazón es un riesgo y que no todos se quedan cuando prometen hacerlo. Así que aprendió a protegerse.
No es que no sienta, es que no lo muestra. No es que no quiera, es que le da miedo. Construyó un escudo a prueba de decepciones, un muro que la separa de lo que podría hacerle daño. Se ríe, brilla, parece fuerte. Y lo es. Pero por dentro, hay una parte de ella que todavía sueña con bajar la guardia sin salir herida.
A veces, alguien se acerca y le dice que puede confiar, que no todos hacen daño, que hay abrazos que no aprietan y miradas que no esconden trampas. Ella sonríe, asiente, pero en el fondo no se lo cree del todo. Porque sabe que la gente habla bonito, pero el tiempo demuestra lo contrario.
Quizá un día alguien tenga la paciencia suficiente para esperar al otro lado del muro. Para no pedirle que lo baje, sino para quedarse ahí, hasta que ella decida abrir la puerta. Quizá un día aprenda que no todo el mundo llega para romperle el corazón. Pero hasta entonces, se seguirá protegiendo.