Mil años de vida me dan mis alumnos, cuando amanezco sintiendo que el mundo se me hace chiquito siempre buscan la manera de alegrarme (ellos ni se enteran)
Cuando oigan a alguien decir que me fui de un lugar sin mirar atrás, sepan que miré mucho. Miré tanto que al final comprendí que ese lugar no era para mí.
Pero aunque hoy no puedas imaginarlo, sí existe una versión de ti que puede volver a sentirse tranquila, liviana y viva. No porque olvides todo esto, sino porque dejas de vivir permanentemente herida.
Cuando ya no te quieran, lo sabrás, aunque no te lo digan. Lo sentirás desde lo más profundo del alma, porque la indiferencia jamás pasa desapercibida.