La mayoría de las mujeres no lloran por el hombre; lloran por ellas mismas, por el esfuerzo que dieron, la esperanza que tuvieron, la ilusión en la que cayeron y el recordatorio de que el amor no las ha recompensado.
Mi papá me dijo: “cuando una mujer se enamora de verdad de un hombre, la única persona capaz de arruinar ese amor es ese mismo hombre”. Tan real como cierto
Ahora me lo tomo con más calma, pero qué duro es ver cómo cambió mi forma de ver y querer a las personas. Ya no idealizo, ya no me entrego igual. Aprendí a poner límites, pero en el fondo extraño la inocencia con la que solía querer.
Me di cuenta que ya no puedo vincularme con nadie que no contemple la vida igual que yo en cualquier aspecto, necesito armonía y coincidir.
Tal vez de esto se trata crecer, ni idea