Milei decidió desde su oficina calefaccionada en Olivos que millones de personas que viven en zonas de frío extremo paguen más caro el gas natural. Otra vez diputados cómplices le dieron media sanción.
De paso el proyecto le perdona 1800 millones a Edenor y Edesur.
Un capítulo más de hacerle pagar el ajuste a la gente para que sus amigos se la lleven en pala. Cada vez más obsceno.
HAY PLATA
Los diputados de La Libertad Avanza acaban de votar PERDONARLE LA DEUDA a Edenor y a Edesur. Tenían una deuda de 1.800 millones de dólares con el Estado Argentino. Ahora la vamos a pagar TODOS mientras los hijos de puta no mejoran el servicio
DOS BIOINGENIERAS CREARON UNA IA QUE PASA DE DETECTAR MUTACIONES DE CÁNCER EN UNA BIOPSIA EN UN MES A CINCO MINUTOS
Ana Gorodisch y Martina Belluomini son de Buenos Aires. Se recibieron de bioingenieras en el ITBA en 2023. Para su tesis de grado desarrollaron un algoritmo de inteligencia artificial que analiza imágenes de biopsias tumorales y detecta mutaciones genéticas invisibles a simple vista. En 2024, lo presentaron en el congreso de la American Society of Clinical Oncology. Ahí vieron que la necesidad era real y que nadie estaba desarrollando algo similar localmente.
En 2025 fundaron Kuvia. La tecnología toma la imagen de una biopsia tumoral, que ya se obtiene de rutina en cualquier paciente oncológico, y detecta en cinco minutos los biomarcadores que definen el mejor tratamiento, sin insumos adicionales. Hoy ese proceso puede tardar hasta un mes y no está disponible en todos los centros médicos.
Desarrollaron un producto para detectar un biomarcador clave en el cáncer de colon y endometrio, entrenado con los primeros datos de patología digital del país y en validación en más de cinco instituciones. Una de ellas es Biogenar, un laboratorio de anatomía patológica ubicado en Buenos Aires.
Fueron seleccionadas en Transformar Salud, la iniciativa de la Fundación Garrahan y Roche, para desarrollar una IA orientada a cáncer pediátrico. Y el Harvard Health Systems Innovation Lab destacó su solución entre los desarrollos globales de IA en salud.
Hoy son cuatro en el equipo: Ana como CEO, Martina como CTO y dos data scientists. Colaboran con un laboratorio de diagnósticos en Estados Unidos y están en conversaciones para llegar a Brasil.
"Queremos usar nuestra tecnología no solo para generar diagnósticos más rápidos y económicos, sino también para desarrollar nuevos diagnósticos que hoy no existen"
Miren esta foto de Gabriela Manzo.
Es de hoy. Los jubilados reclaman lo justo para poder vivir y les hacen esto.
Ya no tiene nombre...
Congreso de la Nación
6 de mayo de 2026
Esto es un escándalo: 34 de los 50 créditos hipotecarios más importantes del Banco Nación fueron para diputados, senadores y funcionarios de la Libertad Avanza. Más casta no se consigue.
LA VERDAD DE LIBRA SIN ANESTESIA.
Lo que el expediente N° 772/2025 dice y Taiano NO quiere que se sepa.
Soy denunciante en la causa $LIBRA. Lo que escribo a continuación está documentado y lo sostengo con mi firma.
El fiscal Eduardo Taiano lleva más de 365 días “investigando” la mayor estafa cripto de la historia argentina. El resultado es el siguiente: cero indagatorias. Cero procesamientos. Cero avances.
Eso no es lentitud. Es una decisión.
Desde el 17 de noviembre de 2025, Taiano sabe que en el teléfono de Mauricio Novelli existe un borrador del acuerdo entre Javier Milei y Hayden Davis. Lo recuperaron los peritos de la DATIP del Ministerio Público Fiscal. Cuatro meses después, no llamó a nadie a indagatoria.
¿Cuál fue su gran medida cuando las pruebas se acumularon? Mandarle un oficio a Karina Milei — que figura como imputada en la carátula del expediente N° 772/2025 bajo los cargos de cohecho y negociaciones incompatibles — preguntándole si existe el acuerdo que la incrimina.
No le preguntó a un testigo. No le preguntó a un organismo neutral. Le preguntó a la imputada.
El hijo del fiscal, Federico Taiano, fue designado en agosto de 2024 — por decreto público — como jefe de la Unidad Ejecutora Especial Temporaria de Bienes Decomisados, bajo la Jefatura de Gabinete del gobierno de Javier Milei. El mismo gobierno que su padre tiene la obligación constitucional de investigar.
Nunca se excusó de la causa. Nadie en el Poder Judicial dijo nada.
A mí, como abogado en la causa Fabrizia — la nena gaseada por el Policía Federal Rivaldi — Taiano me escribió por teléfono privado para que yo hiciera el oficio a la Clínica Santa Lucía. Le respondí que eso era su obligación legal, no la mía. Lo expuse públicamente. Terminó haciéndolo él.
Cuando lo cuestioné en $LIBRA lo hice en la cara, en tribunales, sin intermediarios. Le dije que un funcionario público que no tolera la crítica legítima tiene una sola salida digna.
La Cámara de Diputados documentó en su informe final restricción indebida de evidencia y demoras injustificadas. Lo señaló a él. Lo señaló al juez. Silencio absoluto de ambos.
Expediente N° 772/2025. Carátula: “Milei, Karina s/ cohecho y negociaciones incompatibles con la función pública.” Javier Milei imputado. Karina Milei imputada. 365 días. Cero indagatorias.
Esto no es la Justicia funcionando lento. Esto es la Justicia funcionando para alguien.
El artículo 120 de la Constitución Nacional establece que el Ministerio Público Fiscal actúa con independencia funcional en defensa de la legalidad y los intereses generales de la sociedad. Lo que este expediente documenta es exactamente lo contrario. La evidencia acumulada no admite más dilaciones procesales. Fiscal Taiano: la única conducta jurídicamente coherente con las pruebas obrantes en autos es convocar de inmediato a indagatoria a Javier y Karina Milei — o presentar la renuncia.
-Quedan aprobadas las 12 horas de trabajo
-Queda aprobado el ticket canasta
-Queda aprobado que tu jefe elija cuando te tomas vacaciones
-Queda aprobado que te echen sin indemnización
DISFRUTEN LO VOTADO, mañana lleven los grilletes
Lean esto. Es muy importante. Es el discurso de este 20.01.2026 en Davos del primer ministro canadiense @MarkJCarney. Esto irá a los libros de historia. Más allá de tener las referencias correctas y estar muy bien escrito, Carney tiene el valor y la lucidez de llamar de una vez a las cosas por su nombre.
Es un placer —y un deber— estar con ustedes en este punto de inflexión para Canadá y para el mundo.
Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno.
Pero sostengo, aun así, que otros países —en particular las potencias medias como Canadá— no están indefensos. Tienen el poder de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.
El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.
Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben.
Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable: la lógica natural de las relaciones internacionales reimponiéndose. Y, ante esa lógica, existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad.
No lo hará.
Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?
En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista?
Su respuesta empezaba con un verdulero. Cada mañana, este tendero coloca un letrero en su escaparate: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. No lo cree. Nadie lo cree. Pero lo coloca de todos modos: para evitar problemas, para señalar conformidad, para llevarse bien. Y como cada tendero en cada calle hace lo mismo, el sistema persiste.
No solo mediante la violencia, sino mediante la participación de la gente común en rituales que, en privado, sabe que son falsos.
Havel llamó a esto “vivir dentro de una mentira”. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar —cuando el verdulero quita su letrero— la ilusión empieza a resquebrajarse.
Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus letreros. Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos impulsar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.
Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima.
Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas.
Así que pusimos el letrero en la ventana. Participamos en los rituales. Y, en gran medida, evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad. Ese pacto ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición. En las dos últimas décadas, una serie de crisis —financiera, sanitaria, energética y geopolítica— dejó al descubierto los riesgos de una integración global extrema.
Más recientemente, las grandes potencias empezaron a usar la integración económica como arma. Aranceles como palanca. Infraestructura financiera como coerción. Cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar. No se puede “vivir dentro de la mentira” del beneficio mutuo mediante la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Las instituciones multilaterales en las que se apoyaban las potencias medias —la OMC, la ONU, las COP—, la arquitectura de la resolución colectiva de problemas, están muy debilitadas.
Como resultado, muchos países están llegando a las mismas conclusiones. Deben desarrollar mayor autonomía estratégica: en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú. Pero seamos lúcidos sobre adónde conduce esto. Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible.
Y hay otra verdad: si las grandes potencias abandonan incluso la pretensión de normas y valores para perseguir sin trabas su poder e intereses, los beneficios del “transaccionalismo” se vuelven más difíciles de replicar. Los hegemones no pueden monetizar continuamente sus relaciones. Los aliados diversificarán para cubrirse ante la incertidumbre. Comprarán seguros. Aumentarán opciones. Esto reconstruye la soberanía —una soberanía que antes estaba anclada en normas—, pero que estará cada vez más anclada en la capacidad de resistir la presión.
Esta gestión clásica del riesgo tiene un coste. Pero ese coste de la autonomía estratégica, de la soberanía, también puede compartirse. Las inversiones colectivas en resiliencia son más baratas que que cada uno construya su propia fortaleza. Los estándares compartidos reducen la fragmentación. Las complementariedades son de suma positiva.
La pregunta para las potencias medias, como Canadá, no es si debemos adaptarnos a esta nueva realidad. Debemos hacerlo. La pregunta es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos —o si podemos hacer algo más ambicioso.
Canadá fue de los primeros en escuchar la llamada de atención, lo que nos llevó a cambiar de forma fundamental nuestra postura estratégica. Los canadienses saben que nuestra vieja y cómoda suposición de que nuestra geografía y nuestras membresías en alianzas conferían automáticamente prosperidad y seguridad ya no es válida.
Nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado “realismo basado en valores” —o, dicho de otro modo, aspiramos a ser principistas y pragmáticos. Principistas en nuestro compromiso con valores fundamentales: la soberanía y la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza salvo cuando sea coherente con la Carta de la ONU, el respeto de los derechos humanos. Pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser incremental, que los intereses divergen, que no todos los socios comparten nuestros valores.
Nos estamos comprometiendo ampliamente, de forma estratégica, con los ojos abiertos. Afrontamos activamente el mundo tal como es, no esperamos al mundo tal como quisiéramos que fuera. Canadá está calibrando sus relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores. Estamos priorizando un compromiso amplio para maximizar nuestra influencia, dada la fluidez del mundo, los riesgos que esto plantea y lo que está en juego de cara a lo que viene. Ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza.
Estamos construyendo esa fuerza en casa. Desde que mi gobierno asumió el cargo, hemos recortado impuestos sobre ingresos, ganancias de capital e inversión empresarial; hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial; y estamos acelerando un billón de dólares de inversión en energía, IA, minerales críticos, nuevos corredores comerciales y más allá. Estamos duplicando nuestro gasto en defensa para 2030, y lo hacemos de maneras que fortalezcan nuestras industrias nacionales.
Nos estamos diversificando rápidamente en el exterior. Hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea, incluyendo la adhesión a SAFE, los mecanismos europeos de compra de defensa. Hemos firmado otros doce acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes en los últimos seis meses. En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Catar. Estamos negociando pactos de libre comercio con India, la ASEAN, Tailandia, Filipinas y Mercosur.
Para ayudar a resolver problemas globales, estamos impulsando una geometría variable: diferentes coaliciones para diferentes asuntos, basadas en valores e intereses. En Ucrania, somos miembro central de la Coalición de los Dispuestos y uno de los mayores contribuyentes per cápita a su defensa y seguridad. En soberanía ártica, nos mantenemos firmemente junto a Groenlandia y Dinamarca y apoyamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia.
Nuestro compromiso con el Artículo 5 es inquebrantable. Trabajamos con nuestros aliados de la OTAN (incluyendo el Nordic Baltic 8) para asegurar aún más los flancos norte y oeste de la alianza, incluyendo inversiones sin precedentes en radar de alcance más allá del horizonte, submarinos, aeronaves y presencia terrestre.
En el comercio plurilateral, estamos impulsando esfuerzos para tender un puente entre el Acuerdo Transpacífico y la Unión Europea, creando un nuevo bloque comercial de 1.500 millones de personas. En minerales críticos, estamos formando clubes de compradores anclados en el G7 para que el mundo pueda diversificarse y alejarse de un suministro concentrado. En IA, cooperamos con democracias afines para garantizar que, en última instancia, no nos veamos obligados a elegir entre hegemones e hiperescaladores.
Esto no es multilateralismo ingenuo. Tampoco es depender de instituciones debilitadas. Es construir coaliciones que funcionen, asunto por asunto, con socios que comparten suficiente terreno común como para actuar juntos. En algunos casos, será la gran mayoría de las naciones. Y es crear una densa red de conexiones a través del comercio, la inversión y la cultura, de la que podamos valernos para desafíos y oportunidades futuras. Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú. Las grandes potencias pueden permitirse ir solas. Tienen el tamaño de mercado, la capacidad militar, la palanca para dictar condiciones. Las potencias medias no.
Pero cuando solo negociamos bilateralmente con un hegemón, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Esto no es soberanía. Es la representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación.
En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: competir entre sí por el favor o unirse para crear un tercer camino con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos ciegue ante el hecho de que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte —si elegimos ejercerlo juntos.
Lo cual me devuelve a Havel. ¿Qué significaría para las potencias medias “vivir en la verdad”?
Significa nombrar la realidad. Dejar de invocar el “orden internacional basado en normas” como si siguiera funcionando tal como se anuncia. Llamar al sistema por lo que es: un período en el que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coerción.
Significa actuar con coherencia. Aplicar los mismos estándares a aliados y rivales. Cuando las potencias medias critican la intimidación económica que viene de una dirección pero guardan silencio cuando viene de otra, estamos manteniendo el letrero en la ventana.
Significa construir aquello en lo que decimos creer. En lugar de esperar a que el hegemón restaure un orden que está desmantelando, crear instituciones y acuerdos que funcionen como se describen. Y significa reducir la palanca que permite la coerción.
Construir una economía doméstica fuerte debería ser siempre la prioridad de todo gobierno. Diversificar internacionalmente no es solo prudencia económica; es la base material para una política exterior honesta. Los países se ganan el derecho a posturas basadas en principios reduciendo su vulnerabilidad a represalias.
Canadá tiene lo que el mundo quiere. Somos una superpotencia energética. Poseemos vastas reservas de minerales críticos. Tenemos la población más educada del mundo. Nuestros fondos de pensiones están entre los mayores y más sofisticados inversores del planeta. Tenemos capital, talento y un gobierno con una enorme capacidad fiscal para actuar con decisión. Y tenemos los valores a los que muchos otros aspiran.
Canadá es una sociedad pluralista que funciona. Nuestro espacio público es ruidoso, diverso y libre. Los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad. Somos un socio estable y fiable —en un mundo que no lo es—, un socio que construye y valora relaciones a largo plazo.
Canadá tiene algo más: el reconocimiento de lo que está ocurriendo y la determinación de actuar en consecuencia. Entendemos que esta ruptura exige más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal como es.
Estamos quitando el letrero de la ventana. El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero, a partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esta es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina.
Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos. Ese es el camino de Canadá. Lo elegimos abierta y confiadamente. Y es un camino ampliamente abierto a cualquier país dispuesto a recorrerlo con nosotros.
LO PRIMITIVO
Cualquiera que mantenga vínculos y relaciones sociales con personas de carne y hueso, y no limite su vida social a lo que pasa en este antro, sabe perfectamente que están siendo tiempos bastante hostiles para todos. Tiempos de mucha incertidumbre, insatisfacción y caos; algo que refleja y anticipa una crisis que, posiblemente, se profundice en el futuro cercano.
Esa crisis no es únicamente económica y social, sino fundamentalmente cognitiva.
Hace mucho que vengo insistiendo con este término porque es el que mejor refleja nuestra época: una crisis cognitiva se refiere a un estado de desorientación, confusión o deterioro —temporal o progresivo— de las funciones mentales como la memoria, el pensamiento y la capacidad de resolver problemas.
Es un estado en el que seguramente todos estuvimos en algún momento, pero que ahora se ha universalizado.
La crisis cognitiva no distingue pertenencia política ni ideología. Para que sea efectiva a los efectos de construir las validaciones sociales frente al desastre en el que se vive, es necesario que afecte a todos por igual.
Todos estamos perdidos, volviendo posible lo que hasta hace poco era impensado: viendo a pares aplaudir a personajes vomitivos; observando a estúpidos jactarse con orgullo de su propia estupidez; teniendo de nuevo discusiones saldadas hace décadas; resignificando nuestro propio vocabulario y tratando de subsistir en un mundo que nos parece ajeno. Y lo es. Cada día un poco más.
El mundo entero está escalando su violencia a pasos agigantados mientras nos entretenemos con boludeces que nos ayudan a disociarnos. No me atrevo a decir que eso sea malo, porque disociarse de estos tiempos es también una forma de supervivencia. Y si no lo logran las redes, lo hacen las drogas recreativas, los ansiolíticos, los antidepresivos... y esos combos que ya conocemos.
En esta distopía de videos trucados, felicidad impostada, sobreinformación enloquecedora y estupidez radicalizada, lo que nos mantiene en eje parece ser tapar las cosas, olvidarlas o desconocerlas. Es una forma de ganar tiempo: sobrevivir a estos tiempos de mierda hasta que encontremos la forma de dejarlos atrás.
La verdad es que nadie sabe muy bien por dónde vendrá la salida. Algo o alguien la traerá. Pero mientras eso pasa, es muy importante volver a lo primitivo. A la tarde de mates. Al plancito improvisado. A los besos. A la música.
Volver a charlar. A estar cerca de nuestros afectos. A preguntarles cómo están. A encontrar las palabras justas para contar cómo estamos nosotros. A respetar los silencios, propios y ajenos. A sobrecargarse menos. A bajar las expectativas sobre el resto. A entender que estamos todos en la misma, haciendo lo que podemos. Y eso ya es un montón.
Los carteles parecen indicar como único camino el «sálvese quien pueda»; pero en nuestra especie, la salvación siempre es comunitaria. Nadie puede ser feliz cuando todo lo que nos rodea muta en sufrimiento.
O nos salvamos entre todos, o no se salvará nadie. Ni siquiera ellos.
"Fue un ataque perfecto. Tomamos un país entero y vamos a poder poner a alguien que nos guste. Tomamos US$ 4000 millones de petróleo en un día. Las compañías petroleras van a ganar mucho dinero". Ya no habla de "narcotráfico" ni "democracia". Trump blanquea los vedaderos motivos.
Les voy a decir algo (mucho texto) sobre lo que pasó hoy en Venezuela. Más allá de toda ideología, les pido que se tomen un minuto y piensen esto
1-Cuando una potencia decide usar la fuerza por fuera de los mecanismos multilaterales lo que está en juego no es solo un conflicto puntual sino el orden jurídico internacional en su conjunto.
2-La reaparición del discurso de Donald Trump reivindicando la Doctrina Monroe vuelve todavía más grave este escenario. No es una referencia histórica inocente: es la actualización de una lógica colonial que concibe a América Latina como zona de tutela y subordinación. La Doctrina Monroe siempre funcionó como justificación para bloqueos, golpes, intervenciones militares y saqueo de recursos.
3-Si se naturaliza la idea de que Estados Unidos puede intervenir en cualquier país de la región que no se alinee, la soberanía nacional deja de ser un derecho y pasa a ser una concesión. La experiencia histórica latinoamericana demuestra que cuando se reactiva la Doctrina Monroe, ningún país queda al margen.
4-No es algo nuevo, es cuestión de estudiar. La trayectoria histórica de Estados Unidos en el mundo confirma este patrón. Vietnam, Corea, Irak, Afganistán, Libia, Siria, Panamá, Granada, Haití, República Dominicana, y muchos más países intervenidos militarmente. En todos los casos hubo un relato legitimador
“seguridad, libertad, democracia” y en ninguno el resultado fue progreso, estabilidad o bienestar para la población. Las intervenciones no fortalecieron instituciones ni mejoraron la vida de los pueblos: dejaron Estados fragmentados, economías destruidas, violencia crónica y dependencia. Ese historial demuestra que la intervención no es una solución fallida, sino un problema en sí mismo, y que su repetición solo reproduce devastación bajo nuevas excusas.
El asunto es el siguiente: más allá de diferencias internas, debería existir un consenso básico en defender la soberanía de los pueblos latinoamericanos y rechazar cualquier intento de tutelaje externo. La historia demuestra que cuando avanza el imperialismo, retroceden todos. Latinoamérica no es zona de influencia ni patio trasero: es territorio de pueblos con derecho a decidir su propio destino. Defender a Venezuela hoy es defender una región libre de intervenciones, porque América Latina debe ser de los latinoamericanos.
Defender el principio de autodeterminación hoy no es una consigna abstracta: es una necesidad política concreta.
Algo que nunca deja de impresionarme de Trump es que maneja un nivel de frontalidad que desconcierta a todo potencial chupamedias proveniente de las derechas con pretendida altura moral e institucional.
Me refiero a esos que se pasaron toda la mañana diciendo que el petróleo no importaba, que el planteo sobre los recursos naturales era de quienes "están anclados en el siglo xx" y no entendían esta época, que lo que estaba en juego era la libertad de Venezuela, que hablar de imperialismo era usar categorías obsoletas y no sé que otra justificación.
Primeros 5 minutos de conferencia y Trump solito sacó el asunto del petróleo y anunció que su Gobierno se va a hacer cargo de los cambios en la política de explotación y exportación petrolera para habilitar la entrada de capitales estadounidenses.
Después desacreditó a María Corina Machado como posible líder del proceso de transición, negó que tengan contemplado elecciones en el corto plazo porque no pueden "arriesgarse a que gane otro Maduro" y confirmó que su intención es que Estados Unidos gobierne Venezuela, así directo.
Hasta insinuó un posible acuerdo con Delcy Rodríguez, personaje fundamental en el esquema político de Maduro, siempre y cuando se cumplan las condiciones anteriores.
Incluso elogió la doctrina Monroe que habilitaba al control de EE.UU. de todo el continente americano como un derecho natural hace 100 años y se permitió hacer el chiste de que se viene la "doctrina Donroe".
Sin tapujos, dejó pedaleando en el aire a todos aquellos que intentaron darle un marco teórico distinto al que el propio Trump quiere instalar: el del bully pendenciero que hace lo que quiere porque tiene el poder. Esa es la categoría en la que el presidente yanqui quiere ser visto. Por eso escala y empieza a amenazar a otros países.
El único sujeto legitimado por él mismo para discutir en su nombre es el símil libertario de Twitter que sale a decir "lloralo kuka" o "lágrimas de zurdo".
En la frase "Estados Unidos podrá imponer su voluntad en cualquier lugar y en cualquier momento", dicha también en la conferencia de hoy, está el verdadero fondo de la cuestión.
Si el propio Trump no lo esconde, el intento de hacerlo de los exégetas improvisados solo va camino al fracaso.
Con mi marido somos profesionales, los dos.
Pero hoy la diferencia la estamos haciendo desde otro lugar.
Él hace años trabaja como técnico en refrigeración y decidió dar un paso más. Animarse a lo propio. A dejar de esperar.
El comienzo no fue épico. Fue real. Vendimos la ropa usada de nuestros hijos para comprar una amasadora y una rellenadora de churros. Salimos a vender en las plazas, las esquinas, casa por casa.Churro por churro... Así juntamos para comprar las herramientas que necesitaba y empezar a independizarse.
En el medio pasaron cosas. Muchas.
Tenemos dos hijos con autismo y el día a día no da tregua. Hubo meses de no saber si llegábamos a fin de mes, de comer una vez al día. Hubo estrés. Hubo miedo. Hubo enfermedad (el cuerpo hablando cuando la cabeza no podía más)
Siempre pedimos trabajo. Nunca pasamos un CBU. Porque cuando uno quiere progresar de manera honesta, busca el modo.
Hoy podemos decir que tiene su propio taller. En Lanús.
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