Cuando el último desaparecido sea entregado a sus familiares deberían arder las calles y exigir responsabilidades.
De esta catástrofe queda, una vez más, demostrado que los políticos y la prensa son carroñeros, sanguijuelas e incompetentes.
España somos nosotros, los de abajo.
El rey, que no tiene poder ejecutivo, ha dado la cara y se ha acercado a la gente con la cara llena de barro. Sánchez, que sí tiene poder para gestionar esta crisis, se ha escondido como una maldita rata.