No hay persona más cobarde y egoísta que aquella que no tiene el valor de hablar claro, y solo deja que la otra persona se haga un desastre emocional intentando entender el desinterés y decidir si seguir ahí o dejarlo todo.
A la mujer que lloró desconsoladamente en silencio pensando: “No puedo más con esto”, se secó las lágrimas, respiró hondo y volvió a cargar sola con el peso que nunca debió haber tenido que cargar... Hermana, vas a ganar.