+ pudiera escucharlo, frotándose el labio inferior con los dedos lentamente. Todavía podía notar el sabor de todos y cada uno de los besos. Su voz tembló ligeramente al pensar en unos dedos largos tocando su pecho.—No deberías estar aquí.
El aire abandonó sus pulmones conforme la mano de Adam se aventuró bajo su camiseta y empezó a moverse sin la guía de su propia mano. Tuvo que esforzarse en recordar de volver a respirar, aunque la punta del pulgar de Adam rozando uno de sus pezones no se lo estaba poniendo +
Aquella pausa de apenas unos segundos, un pestañeo quizá, se notó como si fueran años, estuvo a punto de retractarse pensando que había encontrado claramente los límites del rapado. En su mente ya había hecho hincapié en liarse si, pero nada más allá.
No quiere sentirse como +
+ sabían quién era, y era mejor así. Dudaba que esos tres esparcieran rumores, pero si lo hacían… y supieran quién era Adam… y llegaba a oídos de Kavinsky…
Prefería no pensarlo. Es algo que debía evitar a toda costa.
—Será mejor que te vayas.—Murmuró para que solo Adam +
+ incómoda que tiraba de sus pantalones.
—Adam…—El nombre salió casi como una súplica, aire caliente contra la oreja del nombrado. Era de las pocas veces que pronunciaba su nombre, pero cada vez que lo hacía era como una reverencia a algún tipo de deidad.
Sentía una cierta sensación de poder que crecía más y más con cada sonido que escapaba de entre los labios de Adam y Ronan estaba casi eufórico de ser la razón por la que el otro chico mostrara el placer que sentía ya sea con su boca o sus manos, haciendo que olvidara la +
Resopló a modo de risa al escuchar la queja sobre cierta parte mencionada. Adam observó el ligero tono carmín que adornaba la punta de sus orejas y tal vez un poco sus mejillas. Nunca había tomado al adverso como alguien tímido, quiere decir… No después de todo lo que ha +
+ su oreja derecha entre sus dientes, pasando el piercing de su lengua por detrás de ella para que sintiera el frío de la bola metálica a propósito; pegándose más a Adam y embistiéndole contra la mesa casi sin querer por la presión de la pierna del rubio contra la dureza +