La gente se sorprende que siendo Sevillano la feria de Sevilla me parezca una fiesta elitista donde señoritos y muertos de hambre que se creen señoritos por llevar un pañuelo en la chaqueta se hartan de jamón y gambas y luego están todo el año pagando deudas.
Está es la realida
Gregg Popovich es el autor intelectual de uno de los mejores baloncestos en medio campo que se han jugado nunca en nuestro deporte.
"Sons of spacing" titulé este vídeo hace ya unos años.
2014 fue la epítome de su carrera como entrenador. Por ganar y por cómo ganar. Una identidad.
Este equipo y Pops me hicieron disfrutar mucho. Lo mejor para él en el momento de su retirada.
Joder si que tiene tiempo libre el ministro para ponerle un tweet lleno de odio a otro ministro. Vida aburrida y vacía. Desperdicio de dinero público y, así a ojo, este tweet ha podido costar unos cuantos miles de euros.
Barba puntiaguda para que nadie se de cuenta de que no tiene barbilla. De puntillas porque Lepen es más alta que él. Camisas 3 tallas más pequeñas para lucir musculitos. Y nulas apariciones públicas para que nadie se de cuenta de su cerebro vacío. ACOMPLEJADO de manual.
🎤La sorprendente actuación de un japonés cantando Nino Bravo en Valencia: "Que le den la nacionalidad ya"
👉El hombre canta con maestría la emblemática canción de Nino Bravo 'Un beso y una flor'
Cuando me preguntan:
¿Qué lenguaje es bueno para empezar?, mi respuesta siempre es: con el inglés
Acá les dejo 2 cursos de CISCO (English for IT)
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No hacen falta cursos. Buscas proyectos que hacer con el lenguaje y tecnología que quieres usar entonces abres YouTube, donde hay miles de canales (píldorasinformáticas TOP). Te pones los cascos, lofi girl sonando y a funcionar
Ayer estuve en Primark. No por gusto, claro está. Fue por culpa del capitalismo…
y de mi novia.
Porque seamos honestos, cuando los hombres vamos de compras, hay dos estados posibles. O eres un mero perchero humano, sosteniendo ropa y dignidad a duras penas, o te conviertes en un explorador con cara de “¿qué hago yo aquí?”.
Y ayer, tocó ser perchero. Muté. Me vi a mí mismo sujetando un abrigo con cara de “¿esto es todo lo que la vida tiene para ofrecerme?”.
Primark, es un circo de tres pistas con iluminación digna de un interrogatorio policial, y ayer, estaba lleno de almas en pena.
Ojeras, mochilas, y zombies modernos. Gente con mirada perdida que revolvía montañas de ropa como quien busca respuestas existenciales entre sudaderas de 12 euros y camisetas que gritan “YOLO” aunque claramente nadie lo está viviendo.
Y ahí estaba yo, en medio de ese caos textil, pensando:
“Esto no puede ser la vida”.
Porque, en serio, ¿qué tan rota tiene que estar tu semana para que comprar un jersey hecho de petróleo reciclado te dé un poquito de serotonina? ¿Por qué seguimos haciendo esto? ¿Por qué compramos mierda que no necesitamos, en tiendas que detestamos, para aparentar que nos queremos más de lo que realmente lo hacemos?
Fue en ese momento cuando lo vi. Un hombre como yo, atrapado en su propia versión del purgatorio Primarkiano. Su novia le preguntaba si le gustaba más el pantalón de cuadros o el de rayas, y él, con esa voz apagada que se usa para evitar peleas, respondía: “El de cuadros… creo”.
Hermano, si me estás leyendo, sé que mentías.
No te importaba un coño los putos pantalones. No sabes ni qué es un cuadro en la vida.
Yo tampoco.
Solo querías salir de ahí y volver a tu sofá, donde los pantalones son opcionales y las preguntas tienen sentido.
Pero algo en esa escena me golpeó. Ahí entendí todo, somos un ejército de infelices.
Modernos, cómodos, con todo al alcance de la mano, y sin embargo, esclavos de un consumo vacío que nos promete felicidad en pequeñas dosis y nunca cumple. Un Primark no es solo una tienda. Es un templo. Un templo a la tristeza low cost.
Así que decidí algo. Se acabó. Voy a hacer algo para cambiar esta mierda.
No puedo arreglar el mundo, ni salvar a todos los que están ahí buscando camisetas de Star Wars en oferta, pero puedo empezar por mí. Por no ir a Primark como si fuera el plan del siglo. Por dejar de comprar cosas que no necesito. Por invertir en cosas que realmente me llenen… y no, eso no significa ropa interior a 3 euros que se deshace al tercer lavado.
Si estás leyendo esto y te suena, haz algo tú también. No compres por llenar el vacío. No pienses que la felicidad viene envuelta en plástico con olor a neón.
Haz algo que te importe.
Y si no sabes por dónde empezar, al menos no vayas a Primark. O sí, haz lo que te salga de los cojones. Pero nadie necesita otro jersey que te haga sudar.
Necesitas salir de ese bucle.
Y con esto, cierro mi reflexión, escrita sin pantalones, con dos o tres buenas rascadas de entrepierna, pero feliz.
Ah, y si en vez de comprarte una camiseta de Yoda, prefieres aprender algo, por el mismo precio te suscribes a mi membresía.
En el link de mi bio la encontrarás👆🏻